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El país que queremos

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Editorial

En el país del Realismo Mágico, seguimos imbuidos en una serie de acontecimientos sociales, que cada día nos dividen más y marcan una tendencia a la mayor fragmentación y rompimiento del orden constitucional y la necesidad creada, de un reordenamiento jurídico, muy al estilo de la Alemania Nazi.
La palabra de Hitler, sus discursos y sus mítines labraron primero su camino en la política y, con el tiempo, el triunfo electoral. Pero era físicamente imposible que el Führer (tanto en el partido como luego del Estado Alemán) pudiera hablar tanto y tan continuado… Y será Göbbels quien multiplicará sus palabras a través de las emisiones radiofónicas y quien logre el eco de las mismas por medio de las reseñas periodísticas.
Pero el Ministerio del Reich para la Propaganda sería mucho más que eso. Orientación, censura, consignas… Prensa y radio eran controladas por Göbbels de manera férrea, al tiempo que promovía todo tipo de actos de masas y creaba una escenografía colosal que, aún hoy en día, impresiona o asusta. Pero a nadie deja indiferente. Su influencia se extendía a la literatura, el teatro e incluso al campo cinematográfico. Bajo su mandato, todos los medios de expresión fueron puestos al servicio de una ideología y de un partido.
Y cuando, con la guerra, Hitler empezó a distanciar sus apariciones y su palabra fue enmudeciendo, Göbbels se convertiría en la voz de referencia de Alemania. Con verbo rotundo y apasionado, se crecía ante los micrófonos, hasta el punto de que el auditorio ignoraba su menguada estatura o su evidente cojera.
Con el Reich en llamas por los bombardeos aliados y la Wehrmacht retrocediendo en todos los frentes, aún lograba con sus discursos que amplios sectores del pueblo alemán pensaran que la victoria era todavía posible. Su axioma, un axioma consustancial con el propio régimen, era que la voluntad de vencer conduce indefectiblemente a la victoria.
El papel que hoy día juega la CICIG, con el Ministerio Público y sus aliados de la autodenominada Sociedad Civil y embajadas afines, con la cooptación de la prensa vendida a sus propios intereses y agenda comercial más que periodística, nos está conduciendo a lo que finalmente ellos pretenden, UN ESTADO FALLIDO.
¿Será que los guatemaltecos no somos capaces de conducir y construir nuestro propio destino, sin la intromisión de agendas extranjeras? ¿hasta donde nuestros empresarios estarán dispuestos a dejarse mangonear por amenazas? ¿hasta donde permitiremos que se siga permeando la institucionalidad y que, se siga destruyendo esta bella nación?
La historia juzgará cual grupo tenía la razón, lo cierto es que el hoy el ahora no espera, nuestra niñez está cada día más desnutrida, la violencia crece, crece y crece, la inseguridad ciudadana, las extorsiones, la falta de empleo y las necesidades básicas de la gran mayoría de la población, no están siendo atendidas. Mientras los políticos de izquierda y derecha juegan al tira y encoge, nuestra patria se muere.
La prensa ha olvidado su papel crucial de contar los hechos y ser un referente sin sesgos pues al tomar partido se denota a que amo sirven, y obviamente no les interesa la verdad.
No todo lo que brilla es oro, y no hay guerra que dure cien años ni pueblo que la aguante, es momento de reflexionar el país que queremos y ¿hacia dónde nos dirigimos?
Por una nación libre, justa y solidaria.

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