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Y se armó la de San Quintín

#Editado para la Historia

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Sabido es que en muchas familias los problemas de los padres se transmiten a los hijos y así sucesivamente hasta convertirse en querellas que ya nadie recuerda cómo empezaron, pero a las que todo mundo contribuye. Shakespeare supo plasmar bien este asunto en su famosa obra Romeo y Julieta con las peleas entre Montescos y Capuletos.

Pues bien, esto también ocurre en las buenas familias (sobre todo en las buenas) y por ello llegan a convertirse en problemas de Estados y posteriormente en historia.

Sabemos de los altibajos en las relaciones entre Carlos I de España y V de Alemania y Francisco I de Francia. No era de extrañar que los mismos problemas fueran heredados a sus respectivos hijos: Felipe II y Enrique II.

Saint Quentin en francés, San Quintín en español, es una ciudad al noroeste de Francia que lleva ese nombre porque allí fue martirizado el santo de este nombre. San Quintín nació en Roma aparentemente de padre senador, quien fue a la también ciudad francesa de Amiens como predicador. Allí fue detenido y llevado a la ciudad de Augusta Veromanduorom donde se le martirizó y a la que se le cambió su nombre por el de su santo patrón. Esta ciudad está en el camino obligado entre París y Bruselas y cerca de la rica ciudad de Lille. Recordemos que Bruselas era una de las capitales del Sacro Imperio Germánico por ser capital de Flandes, donde nació en la ciudad de Gante Carlos I de España y V de Alemania, hijo de Juana la Loca y Felipe el Hermoso.

Recordemos que entre las posesiones que heredó Carlos I de España y V de Alemania estaba el Reino de Nápoles y los intereses que tenía Francisco I por el Milanesado (Ducado de Milán). En época de Fernando II de España y Enrique II de Francia el papa era Pablo II quien facilitó la entrada de los franceses en estas tierras para amenazar a los españoles. Fue el Tercer Duque de Alba (ascendente de la famosa Cayetana) quien defendió los intereses de España en tierras italianas.

Pero la batalla que nos ocupa, la de San Quintín, se llevó a cabo a las afueras de esta ciudad cerca de la frontera entre Francia y Flandes. Por una parte los españoles, flamencos, saboyardos y fuerzas inglesas, pues la segunda esposa de Fernando II era su parienta María I Tudor, Reina de Inglaterra, hija de Enrique VIII y Catalina de Aragón, hija ésta a su vez de los Reyes Católicos. Del otro lado estaban los franceses con mercenarios alemanes.

Los españoles hicieron creer a los franceses que el ataque se realizaría en Champaña y realmente atacaron San Quintín lo que, aunado a los errores de los franceses, dio la ventaja a los primeros.

Los españoles lograron su victoria gracias al mando del Duque de Saboya el 10 de agosto de 1557, día de San Lorenzo, razón por la cual Felipe II decidió construir el Real Monasterio de San Lorenzo de El Escorial donde se encuentra la cripta con los restos de los reyes de España y sus cónyuges.

San Lorenzo fue martirizado sobre una parrilla abrasado el 10 de agosto de 258. También es posible que haya sido decapitado después de su martirio y su cabeza se conserva como una de las reliquias más preciosas de la cristiandad en el Vaticano. Es representado el Santo con una parrilla bajo el brazo, imagen que encontramos en la puerta principal de El Escorial.

Pues bien, desde entonces el recuerdo de esta batalla entró en el refranero español, por lo que se dice “Y se armó la de San Quintín” para expresar cuando algo sale mal o en desbandada.

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