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La institucionalidad democrática

#PensamientoCrítico

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Guatemala se encuentra en un punto de inflexión política, en el cual se está poniendo en juego la credibilidad institucional. Un Estado de Derecho requiere de la construcción de instituciones democráticas, capaces de cumplir con sus competencias y atribuciones. Jaime Cárdenas en su ensayo “La Construcción de la Institucionalidad Democrática” afirma: “Se construyen instituciones democráticas en periodos de transición a la democracia, o también en democracias consolidadas cuya finalidad es profundizar (reconocer, proteger, garantizar) derechos humanos y establecer mecanismos para que los gobernantes rindan cuentas y actúen responsablemente, los poderes se mantengan en equilibrio, etcétera. Con las instituciones democráticas se pretende desarrollar o lograr la realización de la democracia, esto es la competencia entre los partidos en igualdad de oportunidades, las elecciones como método para dirimir la integración de los poderes, los derechos humanos para justificar y caracterizar el Estado de derecho.”

La transición democrática en el país parece que continúa, aún no encontramos el camino para que Guatemala consolide la anhelada democracia. Esta consolidación democrática está mermada por factores como la desigualdad, el subdesarrollo, la pobreza, la corrupción, entre otros, pero sobre todo el irrespeto al marco jurídico vigente, que si bien tiene ciertas carencias debe de respetarse, e institucionalizar, al no existir políticas de Estado claras.

El planteamiento de cambios profundos requiere de la participación de todos los sectores. Se requiere la existencia de consensos, para lo cual se requiere de apertura desde las propias estructuras gubernamentales y la participación de las élites políticas, económicas y sociales. Si no existe convencimiento de parte de todos los actores, pocos cambios estructurales se pueden ejecutar.

El país emprendió una lucha contra la corrupción, luego de desenmascarar estructuras criminales dentro de las más altas esferas del Gobierno. Abrió la puerta a que las élites mencionadas pudieran dar un nuevo rumbo al país. Sin embargo, esta armonía poco duró, bastó que tocaran los intereses particulares de algunas estructuras de poder y prácticas, que durante muchos años se vieron como normales, para que de la unión de los guatemaltecos se esfumara. La clase política, económica y social que en un momento se alinearon, ahora tiran las cuerdas en sentidos separados, entre ellos y dentro de ellos.

Poco sirve para la construcción de instituciones democráticas que algunos grupos de poder cambien radicalmente sus discursos. Se endiosen personajes. Esto demuestra que el compromiso por un país mejor está puesto en las manos de actores que únicamente persiguen intereses personales. Debilitan la poca institucionalidad que se ha alcanzado, por razones egoístas.

Se requiere de un cambio de mentalidad que inicia transformado una idiosincrasia individualista por una colectiva. Hasta que no entendamos que uno de los pilares de la democracia es la garantía y respeto a los derechos humanos, de todos y no solo de un grupo o grupos en particular, entonces se tendrá un punto de partida para transformar el país. Personas comprometidas en empoderar a las instituciones y separarlas de las autoridades de turno.

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