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Una camelia blanca o una camelia roja

#Editado para la Historia

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Las cortesanas fueron famosas en el París de los siglos XVIII y XIX: también se les llamaba “mujeres de calidad”, “mujeres galantes”, “escandalosas”, “cocottes”, “grandes horizontales” y “semimundanas” … pero todas ejercían la misma profesión. Varias fueron las que pasaron a la historia: Mata Hari, Madame de Pompadour, la Bella Otero, la gallega de la que dijo José Martí: “¿Cómo dicen que es gallega? Pues dicen mal: es divina”, Liana de Pougy, la Condesa de Castiglioni, la moscovita Paivá (quien paga allí va) que de las banquetas del gueto judío de Moscú pasó a los más encumbrados estratos del París del Segundo Imperio con su elegantísimo palacete en el 25, Avenida de los Campos Elíseos. Pero ninguna llegó, a pesar de su corta vida, a transcender a la literatura, a la música y al arte como Marie Duplessis.

Su verdadero nombre era Rose Alphonsine Plessis, condesa de Perrégaux por matrimonio, quien nació en 1824 en Normandía y murió a los 23 años en París y que transcendió a la literatura por haber inspirado a Alejandro Dumas hijo su novela La Dama de las Camelias bajo el nombre de Margarita Gautier, la tuberculosa. Este famoso escritor la describió como: -Grande, muy delgada, con cabellos negros, con rostro rosa y blanco, de cabeza pequeña, grandes ojos de esmalte como una japonesa pero vivos y finos, los labios del rojo de las cerezas y la más hermosa dentadura del mundo”.

Después de una pobre y dura infancia llegó a París a los 15 años donde trabajó como lavandera y fabricante de sombreros hasta que se convirtió en la amante de un comerciante que le montó apartamento. A tan sólo 16 años esta joven de belleza inimaginable, cuya elegancia y estilo harían su celebridad, se convirtió en la cortesana más deseada y cara del París del momento. En estas condiciones se dedicó a aprender a leer, a tocar el piano hasta ser considerada como extremadamente culta, capaz de mantener una perfecta conversación mundana con los hombres ricos dispuestos a acordarle una ayuda financiera regular a cambio de su compañía en su vida privada y social.

En sus paseos frecuentaba el Bosque de Boloña y la Ópera, le añadió la partícula “du” a su apellido y cambio el feo Alphonsine por Marie.

Era tan discreta, inteligente y elegante que nadie que la veía por primera vez creía tener delante a una cortesana, razón por la que se mantenía popular y en buenos términos con los caballeros que la habían frecuentado, incluso después de terminada su relación. Fue amante de Alejandro Dumas hijo, de Franz Liszt y de muchas otras celebridades de la época hasta que se casó con el Conde de Perrégaux que le dio el título de Condesa. A pesar de su divorcio (debido principalmente al descontento de la familia del afectado) ella conservó su título, dibujó su emblema en las puertas de su carruaje y mantuvo uno de los salones más prestigiosos y a la moda de París.

Su residencia estaba en el 11 Boulevard de la Madeleine, que va desde la Iglesia de la Madeleine hasta la Iglesia Saint Augustin, a sólo unos pasos de la elegante tienda “Aux 3 quartiers” de la que era cliente asidua.

Tan solo un año más tarde falleció en la miseria, abandonada y olvidada por todos, arrancada a la vida por la cruel tuberculosis que hacía estragos en aquel entonces. Sólo dos personas estuvieron a su lado al final de su vida: el Conde Von Stackemberg y Alejandro Dumas hijo.

En los funerales en la vecina Iglesia de la Madeleine no había más de veinte personas. Sus restos fueron a parar a una fosa común pero su ex esposo, el Conde de Perrégaux, la mando a exhumar para darle sepultura en el cementerio de Montmartre en una tumba con la única inscripción de “Aquí descansa Alphonsine Plessis”. Esta tumba es frecuentemente adornada por camelias que dejan pasantes anónimos.

En la subasta que siguió a su muerte para sufragar parciamente las grandes deudas de la Duplessis se dio cita toda la buena sociedad de París para pelearse las posesiones de la que Franz Liszt dijera “Cuando pienso en la pobre Marie Duplessis la cuerda misteriosa de una elegía antigua resuena en mi corazón”.

A los pocos meses Alejandro Dumas hijo le rindió homenaje con su novela “La Dama de las Camelias” publicada por primera vez en Bruselas. Se debe observar que Armando Duval (A.D.) amante de Margarita en la novela, tiene las mismas iniciales que Alejandro Dumas. Más adelante, en 1852 Verdi se inspiró en la pieza de Dumas hijo para crear la no menos célebre “La Traviata” de la que todos recordamos la famosa aria del brindis.

Se han creado más de 15 películas sobre el tema de la novela (entre ellas la mexicana –La mujer de todos- de 1953 con María Félix y Armando Calvo). En 1981 se hizo la película “La Dama de las Camelias” interpretada por la actriz francesa Isabelle Hupert y en 1983 otra película de La Traviata con una extraordinaria escenografía de Franco Zeffirelli con Teresa Stratas en el papel de Violetta y Plácido Domingo en el de Alfredo. Para el ballet también existen varias versiones y hasta en dibujos animados existe una versión de 1974.

Ahora cuando veamos una camelia recordaremos a la hermosa Marie, que las portaba de estos dos diferentes colores para mostrar a sus pretendientes su disponibilidad en el momento.

 

 

 

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