El Siglo

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Las encuestas electorales en la época actual, el ciudadano informado

Muchos pueden ser los métodos a la hora de hacer sondeos y conocer las corrientes de opinión pública, las formas de participación política del ciudadano para conocer la intención de voto también van evolucionando, se establecen nuevas técnicas para conocer lo que motiva a un elector decantarse por un futuro gobernante, el debate televisivo se niega a ser remplazado pero ¿tiene el candidato y el marketing político que dejarse llevar por los resultados obtenidos de estas herramientas de valoración estadística y personal?

Durante las últimas décadas para conocer como estaba valorado una marca política básicamente la única forma de saberlo era mediante la intuición, la creencia en el proyecto propio o las encuestas generales. Los medios tradicionales de comunicación publicaban los resultados según fuera la línea política a seguir por parte de la editorial, todo se podía interpretar y se podía configurar a gusto y semejanza de las siglas políticas.

Hoy ya no es tan fácil, el electorado accede a la información cuando y donde quiere, a blogs de política, periódicos digitales, la comunicación interpersonal en las redes sociales ha cambiado todo el entramado de canales de comunicación e información entre personas o entre organizaciones. No todo lo que ofrecen las encuestas de medición son datos fiables, algunos incluso llegan a ser desconcertantes, por eso los candidatos a gobernar un país, ciudad o pueblo, tienen que buscar la información con otras técnicas y métodos que complementen a los resultados de estos sondeos electorales.

De la encuesta a la conversación, la motivación del votante

Si preguntáramos ciudadanos de a pie si están contentos con el gobierno actual muchos muy probablemente responderían que no, las preguntas abiertas y genéricas en el mundo de la política del siglo XXI son peligrosas, estamos en la época del detalle mínimo que marca diferencias, de la personalización del mensaje político. Ahora bien, la entrevista en profundidad es otra cosa, si preguntáramos el porqué no está contento o satisfecho con dicho gobierno empezaríamos a obtener una información mucho más cualitativa que cuantitativa del grado de satisfacción ciudadana.

Además, hay que tener muy en cuenta cuando, donde, a quién se le realiza una encuesta electoral de ahí que cada vez más las empresas especializadas en estudios de mercado y, en este caso de mercado político, vayan mejorando sus estrategias políticas para ser más precisos y obtener resultados realmente fiables para gobernantes o partidos políticos. Es el político quien suele preocuparse más de como van evolucionando, sobretodo en los apartados de intención de voto a que siglas y en que lugares no se están cumpliendo las expectativas.

Siempre se ha oído eso del hablar directamente con el vecino, la importancia de la política municipal, de estar más en la calle que en el despacho. En cierta forma el Focus Group como se le conoce ahora no es tan novedoso, quizás en la forma más ordenada de captar información de calidad de lo que piensan diferentes sectores de la población a través de personas que puedan representar gremios o colectivos. Pero si que desde siempre se han mantenido reuniones y pequeñas charlas o tertulias con círculos cercanos y más pequeños en cuanto al número de la muestra estadística.

Los Focus Group no son más que entrevistas o encuestas en reuniones más personales y más selectivas. Estos encuentros tienen como objetivo captar información cualitativa por encima de datos cuantitativos. Luego, con los resultados obtenidos, adaptar estrategias electorales y campañas para intentar obtener más votos en las urnas.

Cuando hay elecciones generales las encuestas políticas salen por todos sitios, son a su vez más que discutidas, los votantes las miran con cautela y suelen ser más prudentes a la hora de valorar los resultados de estas. Los estudios y gráficos que se ven en los medios son demasiado técnicos para la gran mayoría de las personas, no todo el mundo tiene internet, no todo el mundo ve la televisión o escucha la radio a diario, no todo el mundo se interesa por como van los porcentajes ni sabe interpretarlos, es más, seguro que todas estas casuísticas hagan que hoy por hoy los debates televisivos sigan teniendo tanta importancia en la comunicación política y tanta expectación en todos los sentidos.

En este tipo de encuentros delante de la pantalla el candidato está en un lugar abierto y de frente a un elector al otro lado de la pantalla, en el sofá de una casa, es lo más real que puede hacer para contactar con miles y millones de personas. Ahora también y desde hace tiempo vemos la corriente de vídeos en portales como YouTube y las redes sociales, pero el debate en televisión sigue siendo el rey del momento para valorar positiva o negativamente a la persona tal cual es y al lado de sus contrincantes, en directo.

La gente quiere confiar y creer en lo que ve, en lo real y en lo que tiene ante sus ojos, un gráfico de barras y una estimación en forma de ecuación aritmética no puede sustituir a una sonrisa, a unos ojos emocionados, un punto azul en una estadística no refleja una actitud nerviosa, tampoco muestran una situación incómoda o la capacidad de transmitir confianza y seguridad en lo que se dice, verbal y no verbalmente.

Más que nunca estamos en el momento de escoger a la persona o a cambio hacer caso de lo que dicen y cuentan por ahí, cuestión de criterios, o no…

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