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Liderazgo mesiánico cuando la solución depende de todos y todas

#PanoramaGlobal

Lo mesiánico es un adjetivo que se deriva del latín bíblico Messĭas o del mesianismo como tal. En hebreo, el término Messiah significa “ungido”, dándonos una idea de que estamos ante una persona “elegida” para llevar a cabo una tarea que impactará a todos, a nivel local o global, a la humanidad por demás.

Todos conocemos la historia bíblica de Jesús de Nazaret, conocido como el Mesías o el Salvador, cuya primera misión consistió en pagar con su vida los pecados cometidos por la humanidad, quedando una segunda misión pendiente consistente en regresar a salvar a su pueblo, es a la figura de Jesucristo que más relacionamos el termino Mesías.

Dejando a un lado la asolación al origen etimológico y religioso, queremos subrayar las implicancias de un liderazgo de carácter mesiánico en el siglo XXI. La realidad es que el liderazgo como lo vemos hoy, no es cosa de una persona, es algo construido por todos, es una cuestión inspirada por una causa, algo que nos importa y duele y por tanto, todos estamos dispuestos a aportar.

En 1933, Alemania encontró en la figura de Adolfo Hitler a un líder mesiánico que no necesitaba. En ese momento la nación que una vez se conoció como Prusia, estaba en plena década de los 30s recuperándose de la destrucción de la Primera Guerra Mundial dos décadas atrás y las sanciones económicas que le siguieron  a este evento bélico. Alemania necesitaba seguir por el camino de la recuperación y el crecimiento. No necesitaba a un líder que supo tocar las fibras más sensibles de aquellos que anhelaban los años de gloria y terminó llevando a Alemania a una guerra más atroz en 1939, la Segunda Guerra Mundial, ¡la derrota fue fatídica!

De lo anterior se deriva la confusión de proyectar y relacionar al líder con la imagen de  “figura fuerte”, no entendiendo que el liderazgo no es mandar, es influenciar para cambiar el curso de las decisiones y las acciones. Esperar a un líder fuerte es crear caldo de cultivo para que se instaure un liderazgo caudillista, la Nicaragua de Daniel Ortega es un buen ejemplo, hace apenas unos días que expulso a la Comisión de Derechos Humanos de la ONU.

En cambio, el liderazgo efectivo es una causa que importa, son ideas, es un movimiento de todos, y por supuesto, cuenta con un líder que representa a todos, pero no hasta el punto de la megalomanía. En República Dominicana tenemos un ejemplo de liderazgo caudillista en la figura fuerte del Dr. Joaquín Balaguer, presidente de la República en unas siete ocasiones, llegando a ser el presidente más viejo del mundo con casi 90 años. En el año 2000, se presentó a las presidenciales con 94 años de edad, quedando en un tercer lugar. Balaguer fundó su partido Reformista Social Cristiano, se aferró al poder y  al morir en 2002 no había instalado la capacidad para su ausencia, tampoco había delegado en un relevo generacional y el partido que tantas veces ocupó el poder pasó de ser mayoritario a degradarse en una fuerza minoritaria, porque estos tipos de liderazgos que llegan casi a la idolatría del líder producen que con la muerte de esa persona también muera el movimiento pues el barco se queda sin capitán.

El movimiento de los derechos civiles de la década de 1960 en Estados Unidos, no sería el mismo sin su principal figura Martin Luther King Jr., pero King Jr. no hubiera logrado su lugar en la historia sin hombres como John Lewis y el movimiento en su conjunto no habría sido iniciado y mucho menos adquirido su dimensión histórica, si no hubiera contado con el coraje inicial de una mujer como Rosa Parks.

En conclusión, se acabaron las excusas para no aportar nuestro granito de arena en la lucha para lograr un mundo mejor, ya no tenemos que ser líderes mundiales para contribuir, todos somos líderes naturales a nuestra propia manera y forma. El liderazgo eficiente es aquel que fomenta la participación de todos y se fundamenta en tres pilares esenciales: escuchar, escuchar y escuchar.

TEXTO PARA COLUMNISTASandra Hernandez | Siglo.21
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