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Y el Presidente habló

170907 JIMMY MORALES ANTEJUICIO

#MirillaIndiscreta

No fue el balcón presidencial, como lo soñó don Edmundo y Manuel lo presenció, oyendo desde la plaza el heroico llamado, de un Presidente angustiado, que de estar amenazado, el valor lo transformó en el Mandatario esperado.

Quince días han pasado, de aquella premonición, que de un texto pisoteado, vulnerado, ignorado, volvió a ser Constitución. Credo, texto respetado, que exalta la libertad, defendiendo al engendrado de una muerte programada por algún degenerado,

Del que igual salva al criminal que debe ser fusilado o enaltece a quién mata al producto del amor o de la relación ingrata, que no puede defenderse, del cuchillo que lo mata.

Matrimonio exige y pronto, para una relación estéril, que pretende adoptar al que escapó del cuchillo.

Porque la madre o el padre rehusaron a cuidarlo, y dos padres le impusieron o dos madres le buscaron, al hijo que no tendrán y aplaudirán si lo matan, antes de que naciera y lucharán por salvar, al que mata, por placer o por dinero.

Porque la vida infame, de un criminal bandolero, vale más que un bebé o la de un camionetero.

Pero el Presidente habló, los vende patrias gritaron, sin negocio los dejaron, un contrato se rompió, el Derecho lo exigía, y ejército y policía a su patria le ofrecían, morir por su libertad, pelear la soberanía.

Y el pueblo entre temeroso, acobardado y nervioso, no sabía que creer, respirar en libertad, hablar sin que lo grabaran, era experiencia extinguida, aquí acusa el delincuente, atestigua el sobornado, se persigue al potentado, al político y militar, menos al cura que grita ¡Viva el Comisionado!

Los acentos extranjeros cundieron por todas partes, las radios, televisiones y periódicos rastreros, sus editoriales vendieron a precios de quemazón, sin anunciantes quedaron, pero muy pronto aprendieron que el patrón si paga en dólares y los quetzales huyeron.

No se pudo en el balcón, anunciar la buena nueva, la situación prevenía, que muy pronto la jauría, al oír atacaría, tal como aconteció, cinco bolos asistieron cuando al molote llamaron porque engomados creyeron que con guaro pagarían los insulto y también la patanería.

Pero algunos lo pensaron, no mucha, no hay que asistir, y solitos los dejaron, a los cuarenta peludos que con tambores llegaron y tan solos se sintieron que de cólera arrancaron la última de las matas que en los arriates sembraron de una marihuana fina, que decían ¡Mucha es mejor que la cocaína!

En línea recta, quizá unos veinticinco metros la distancia que separa, el Salón de recepciones, del balcón Presidencial, que don Edmundo y Manuel soñaron como tribuna del mensaje que marcó lo mejor del calendario.

¡Pero no importa!

¡Si el balcón o salón de recepciones! de gran dignidad revestido, con olor a libertad, cinco minutos bastaron, para devolver esplendor y sabor a soberanía al Palacio Nacional y a esta pobre patria mía.

Sin autoridad el Palacio, sin Constitución la plaza, y con llanto la ciudadanía, poca esperanza quedaba, a un pueblo anarquizado, sin rumbo ni dirección, que esa palabra bastara, para recuperar la ilusión y también la soberanía.

Un Palacio Nacional, abandonado a su suerte, sin dignidad ni poder, ofensivo testimonio de un grito lastimero de cobarde rendición frente al filibustero, mañoso y usurpador, que nos robó la vergüenza tanto al sano y mucho más al traidor.

Dejándonos en pocos años, sin principios ni valores, sobornaron a los judas, y odiaron a los redentores.

Celebrar así el quince, nos anticipaba congoja en lugar de patriotismo, no existirá el comunismo, aunque si muchos traidores.

Pero celebremos el quince, con cohetes y con banderas, repitamos los desfiles de escolares, civiles y militares, porque hermanos somos todos, con fusiles o cuadernos, con machetes o azadones, con huipiles o tacuches.

Negros, blancos, indígenas o ladinos, un solo cielo tenemos, un solo Dios adoramos, y a la patria festejamos, porque solo una tenemos.

A pocos días de cumplirse un año, que con desesperanza botaron nuestro pabellón del asta que lo sostenía y poner en su lugar, una bandera extraña con muchísimos colores… y no pocos rencores.

Un arcoíris de penas, insultos y sinsabores, que nunca significó luz ni la unión de sus colores,

Trajo consigo la noche, pena y luto, carceleros y verdugos, confirmando por sabido, lo infértil de procurar vida donde no hay matrices solo penes. Descendencia donde sólo vaginas y no hay penes.

Aquel quince de hace un año, preludio de un tiempo negro, muy obscuro que dejó de ser color para transformarse en luto…

Que transformó los pliegos de paz en cueros de tambores de guerra, el hambre en hambruna, el desempleo en mendicidad, el testimonio oportuno, en delación pagada, el Juez sabio, en Verdugo inmoral, el Magistrado reparador de los errores jurídicos, en vulgar enterrador de sus virtudes vendidas. La política Judicializada, la Justicia Politizada, La soberanía rematada por el agiotista usurpador, La libertad mancillada por abusivo interventor.

A pocos días de cumplirse un año. En que el verde eterno surgido del color de las entrañas mismas de sus piedras verdes, en que nuestro hermoso Palacio Nacional cedió la bella palidez de sus suave verde a ira de los patanes, sicarios de la patria al servicio de los interventores, desalojaron también al quetzal y con su bandera lo tiraron por el piso de la plaza rendida sin defensa y sin honor, sin espadas, sin olivos, sin la albura de su hogar, sin sus dos mares azules con misión de custodiar, insultándonos entre hermanos, sin encontrar la unidad, dejando a nuestra ave símbolo, sin hogar donde posar, prefirió por un largo año remontarse a las alturas, en precipitado vuelo, antes de caer esclavo y morir en cautiverio y antes de transformar en sangre el rojo de su plumaje prefirió la vergüenza mientras retornaba a su hogar.

Fue larga la noche larga, de un año que coronó más de diez que sumaron humillaciones, insolencias y desprecios.

Tiempo que se disputaron, quién hacía más ofensas, sin medida ni pudor. Un día el interventor, y siempre en ansiosa espera, uno y otro embajador.

Sin Palacio ni Bandera, nos quedaba la nación, que de inmediato atacaron, sin ninguna compasión. Compraron conciencias, periódicos, radios y televisión,

Nos hicieron enemigos, como moros y cristianos, odiándonos los amigos y hasta los hermanos. Quedando muy bien con Soros y los Derechos Humanos.

Hipotecaron la patria, vendieron su libertad,

Y en dólares les pagaron la traición a su país.

Aprendieron colombiano, y deletrearon inglés, incluso en sueco pactaron, la forma de vender baratos, a los hombres de maíz.

PERO AQUÍ ESTAMOS DE NUEVO, GRACIAS A DIOS Y A SU PUEBLO, CON PRESIDENTE Y PAÍS.

TEXTO PARA COLUMNISTA
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