El Siglo

La iglesia persiste ante la crisis

#Emunah

Este ha sido un verano polémico para la iglesia católica. Primero, una investigación sobre abuso generalizado en Chile y de un cardenal enjuiciado en Australia. Luego, en Estados Unidos, la renuncia del cardenal Theodore McCarrick quien fue acusado de abuso sexual contra jóvenes seminaristas bajo su autoridad.

Siguiendo con el informe del gran jurado del 14 de agosto en Pensilvania que reveló un encubrimiento sistémico por parte de los líderes de las diócesis católicas del abuso sexual infantil por más de 300 sacerdotes en un lapso de 70 años. Y lo último, las explosivas denuncias del arzobispo Carlo María Viganò, pidiendo la renuncia del Papa Francisco porque asegura que el pontífice y otros funcionarios del Vaticano sabían e ignoraron las acusaciones de mala conducta contra el ex cardenal McCarrick.

La iglesia católica está en un gran problema, ya que estos escándalos han provocado una crisis en la fe de la comunidad católica y una antipatía hacia los obispos. Desilusionados por esta inmoralidad, algunos feligreses han optado por no asistir a misa, otros incluso han considerado abandonar el catolicismo. Varios en medio de su desilusión, se sienten perdidos considerando que han malgastado su vida en este modelo de liderazgo.

En las últimas décadas, la iglesia católica es la que más miembros ha perdido en comparación con las otras religiones importantes del mundo. Según la encuesta del Centro de Investigación Pew del 2015, encontró que alrededor del 27 por ciento de los ex católicos, que ya no se identifican con una religión, han expresado que renunciaron a su fe debido a este tipo de escándalos.

En este mundo hay un sin fin de cosas que afectan la fe de un cristiano. La incredulidad, el ateísmo, el humanismo, las guerras, las injusticias, el sufrimiento, el pecado personal, el desacuerdo teológico, la negligencia pastoral, los conflictos dentro de la iglesia, y así la lista continúa. Se tiene la creencia que la iglesia y los cristianos deberían vivir una vida sin conflictos ni problemas. Sin embargo, en esta tierra, Dios jamás prometió un mundo utópico. Jesús dijo “en el mundo tendréis aflicción” pero también dijo “¡confiad, yo he venido al mundo!”.

Cuando una iglesia falla a su gente a menudo entra la desconfianza e indiferencia hacia la institución. Sin embargo, se debe tener presente que la verdadera iglesia no es un edificio o una institución, sino que es una entidad espiritual que tiene una estrecha comunión con Cristo ya que su origen y fundamento son divinos. En la Biblia la palabra “iglesia” siempre se refiere a gente que está constituida por un grupo de creyentes que comparten su fe en Jesucristo y en la Palabra de Dios; y no se usa para describir un lugar físico.

¿Podría alguien ser parte de la iglesia simplemente “haciéndose miembro” de una iglesia o denominación visible aquí en la tierra? No; como explica Hebreos 12, la iglesia es la “congregación de los primogénitos que están inscritos en los cielos” estrechamente unidos a Cristo, como una esposa lo está a su esposo; un solo cuerpo donde Jesucristo es la cabeza y el fundamento de la iglesia. Por lo tanto, sin importar el edificio, denominación o país, la verdadera iglesia defenderá y vivirá conforme a la palabra de Dios, proclamará el evangelio, y mantendrá su fe viva en medio de la crisis.

La esencia, la fidelidad y las convicciones de un cristiano se reflejan cuando está bajo presión, en diversos ataques, tentaciones o aflicciones. Cuando la comunión con Dios se enfría, la pasión por Cristo se pierde, y las cosas sagradas se vuelven ritos vacíos entonces se está a un paso de una inminente muerte espiritual. En situaciones extremas se debe recordar que Dios es bueno en todo tiempo, mantener la fe, y confrontar la apatía espiritual. El apóstol Pablo dijo “He aprendido a contentarme, cualquiera que sea mi situación…Todo lo puedo en Cristo que me fortalece.”

Hay que esforzarse día a día con la mirada firme en Jesucristo, tener hambre de la presencia de Dios, y superar toda crisis para ser parte de una iglesia sobrenatural. Lo importante no es la denominación, ni la liturgia; sino honrar, amar, alabar y servir al Dios verdadero. Y eso no implica el tan solo congregarse un par de horas a la semana en un edificio, cantar música cristiana, orar, leer la Biblia, y servir en algún ministerio. Tampoco se trata de aislarse del mundo, juzgar, condenar, y adoptar posturas de perfección y de justicia.

Se trata en reconocer que somos imperfectos, con debilidades, y una variedad de condiciones pecaminosas; pero que por la misericordia y gracia de Dios somos salvos a través de Jesucristo. Por ello mismo podemos ser luz en medio de las tinieblas, predicar su palabra y dar testimonio de su gracia y amor. La iglesia, cuyo fundamento es Cristo, se compone de individuos imperfectos, que se hacen fuertes en El y lo entregan todo para marcar la diferencia, cultivando su amor y nutriéndose de su palabra para vencer las batallas y persistir en su fe a pesar de todo.

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