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NUEVO

Hace dos años en nuestra sección PULSO, uno de los principales colaboradores de este medio de comunicación escribió sobre el acontecer económico del momento y hoy nuevamente reproducimos su escrito, sabedores que fue como un vaticinio de lo que vendría luego y hoy está más vigente que nunca. EN HONOR A 

Eduardo Weymann

La oficialización del desaceleramiento del ritmo de crecimiento de nuestra economía es la peor noticia que podemos recibir. La razón es simple: esto se traduce en mayor desempleo y menos puestos de trabajo.

Según el propio análisis del Banco de Guatemala (BANGUAT), mucha de la responsabilidad de este estancamiento económico ha sido la crisis política que capturó al país desde 2015.

De acuerdo con el BANGUAT, buena parte de la responsabilidad de esta crisis la tiene el bajo desempeño de la ejecución del gasto público, así como la paralización de la inversión privada por supuestas vinculaciones con actos de corrupción. Otro claro indicador de esta crisis económica, es la baja en la demanda del crédito bancario; de acuerdo con datos de la Superintendencia de Bancos (SIB) la tasa activa promedio del sistema bancario sigue bajando, ubicándose ahora cerca del 13%.

Desde mi perspectiva subrayaría dos elementos: 1. El combate a la corrupción es un desafío permanente y necesario, pero si este proceso no va acompañado de certeza jurídica y respeto al debido proceso, se estángenerando males mayores que los que se están combatiendo. El estancamiento económico y mayor desempleo es suficiente evidencia como para perderse en este punto.

2. Cuando vemos la economía de base, el pequeño y microempresario -que no está afiliado a cámaras ni tiene representación gremial que haga valer sus intereses- si hay algo que los está aniquilando, es la industria de la extorsión. Es más, las empresas medianas y grandes, muchas de ellas ya incluyen en sus costos operativos “los impuestos extraordinarios” de extorsión. Según una fuente muy respetada en análisis de delincuencia y crimen, la industria de las extorsiones puede estar alcanzando hasta los Q7 mil millones al año, equivalente al ¡10% del presupuesto del Estado! ¿Cómo es posible que hemos llegado a tal extremo? El poder de esta industria perversa solo lo podrían explicar dos razones: complicidad de autoridades públicas y la industria del sicariato (el impago de la extorsión equivale a muerte).

La angustia del desempleo, de la falta de trabajo, es quizás la peor que puede sufrir una persona o una familia. Esta ansiedad se intensifica en los jóvenes adultos que buscan su primer trabajo. De acuerdo con cifras oficiales del Instituto Nacional de Estadística (INE), el incremento de la Población Económicamente Activa (PEA), léase jóvenes de 15 a 24 años de edad, es anualmente alrededor de 160 mil jóvenes; no obstante, de acuerdo con el Instituto Guatemalteco de Seguridad Social (IGSS), en la actualidad solo se están generando alrededor de unos 35 mil empleos anuales; es decir, estamos acumulando anualmente un déficit de ¡125 mil puestos de trabajo!

En la Guatemala de hoy, la prioridad absoluta en materia de política pública es la reactivación económica y el pleno empleo. Las autoridades de turno, con el acompañamiento de los sectores productivos pequeños, medianos y grandes, tienen que concentrar a la brevedad su atención en este desafío y retomar el rumbo. No podemos seguir dándonos el lujo de seguir con este Estado debilitado institucional y financieramente, y una población que sigue empobreciéndose (59.3% de la población es pobre, comparado con el 51.2% en 2006, según la Encuesta de Condiciones de Vida (ENCOVI) del INE).

Por el momento, y mientras la población pacientemente siga esperando recuperar el rumbo correcto de este país, pues no nos quedará otra que recurrir al acompañamiento y al alivio espiritual con más veladoras, y espigas de trigo a sus pies, a San Cayetano, patrono del pan y el trabajo, pidiendo su intercesión en estos momentos de zozobra.

Foto: http://legioneste.com.ar

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