El Siglo

Una fe a prueba de bala

#Emunah

Hace una semana, el Vaticano expresó “vergüenza y dolor” por los abusos sexuales que cometió el clero católico; debido a que el gran jurado de Pensilvania en los Estados Unidos encontró que trescientos sacerdotes católicos romanos, en un lapso de siete décadas, abusaron sexualmente de un millar de pequeñas víctimas. Lamentablemente esto fue solapado por obispos que optaron por proteger a los perpetradores en lugar de a los niños.

En las últimas dos décadas, la iglesia católica a menudo se ha resistido a reconocer este tipo de escándalos que salieron a la luz en parroquias y diócesis en muchos países. Sin embargo, el Papa Francisco, hizo lo que ningún Papa había hecho antes, emitiendo una carta a los 1.200 millones de católicos del mundo condenando las atrocidades, y prometiendo que no se escatimarán esfuerzos para evitar el abuso y su encubrimiento.

Asimismo, dijo que “no mostramos ningún cuidado por los pequeños; los abandonamos”, y recalcó que aunque la mayoría de los casos en el informe “pertenecen al pasado”, era claro que el abuso “fue ignorado durante mucho tiempo, o silenciado”. La carta ofreció un reconocimiento franco y una condena contundente, pero igualmente invitó a una serie de críticas por parte adeptos, medios de comunicación, y otros.

Cientos de católicos o personas que fueron criados en la iglesia respondieron negativamente a las noticias sobre este incidente. Algunos han castigado a aquellos que continúan asistiendo a la iglesia, acusándolos de complicidad en los crímenes de sus líderes. Otros se han parado en medio de la misa y han confrontado al sacerdote, y han habido casos en que los han atacado físicamente.

Es muy fácil criticar o hablar mal de alguien y emitir un juicio de valores por sus errores o equivocaciones, lo difícil es ver los nuestros y hacer algo al respecto. Con estas acciones herradas no se está haciendo la diferencia, sino tan solo contribuyendo al odio, a la intolerancia, y alentando la violencia al tomar la justicia por nuestras propias manos.

Debemos ser conscientes que la maldad esta incrustada en todos los sectores de la sociedad, y que la religión no va a hacer la excepción de ello. Aunque todos los cristianos fallamos en tener una vida a la altura de los estándares de la Biblia, no podemos concluir que la iglesia esta formada enteramente de gente hipócrita, ya que hay muchos cristianos que buscan genuinamente vivir la vida cristiana, a través de una fe viva en el Señor Jesús.

Aunque la Biblia advierte no juzgar a los demás en forma injusta o parcial, y que perdonemos y amemos a los que nos ofenden; también enseña que el sistema judicial es una parte necesaria de la sociedad. Jesús exalta el juicio justo y desde el principio de la humanidad Dios enseñó que las malas acciones tienen consecuencias. Por eso mismo los agresores sexuales, deben ser enjuiciados y se deben hacer todos los esfuerzos posibles para crear un ambiente seguro para los menores y los adultos vulnerables no tan solo en la Iglesia, sino también en toda la sociedad.

A las víctimas se les debe brindar la ayuda necesaria, ya que cuando la confianza de un niño es traicionada puede dejar profundas cicatrices emocionales. Temor, inseguridad, y traumas que en muchos casos se prolonga por varios años y conlleva a problemas sociales y psiquiátricos. No es fácil; pero a pesar de las consecuencias y el daño que se haya causado, se pueden superar con paciencia, amor, esfuerzos constantes y, sobre todo, tiempo.

Ante este tipo de eventos tampoco se puede tomar la actitud de la indiferencia, ya que eso nunca sanará las heridas. La mejor vía para sanar el alma es el perdón. El perdón es un acto de amor, y el amor sana, restaura, y salva. Aunque la Biblia nos enseña a practicarlo y amar a nuestros enemigos no es así de fácil, porque son heridas profundas en el alma que conllevan a un desgaste tanto emocional, mental y a veces físico.

En temporadas grises, los consejos, e incluso la palabra de Dios puede pasar desapercibida. Más sin embargo debemos hacer un esfuerzo para impedir que aquello que nos daño controle nuestras vidas, y nos llene de amargura. Las heridas necesitan ser sanadas y día tras día deben inyectarse pequeñas dosis de amor hasta que el luto haya pasado y la semilla del perdón de fruto, junto con la paz y la libertad.

¿Qué se necesita para mantener la fe? La Biblia dice que fe es vivir por lo que creo, y no por lo que miro o siento. Muchos cristianos confían y creen en Dios, pero cuando pasan situaciones difíciles decaen en su fe, se amargan, se frustran y no pueden resignarse. Cuando realmente la fe esta puesta en Dios y en su palabra, y no en la iglesia, o en las personas, nada de lo que pasa en este mundo robará nuestras herencias espirituales. Eso no quiere decir que no sufriremos o que no seremos afectados de alguna manera; pero a pesar de ello resistiremos en Jesucristo que nos fortalece porque nuestro fundamento estará en él, y solo así gozáremos de una fe a prueba de bala.

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