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#Editado para la Historia

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Bóveda del altar

París, Catedral de Notre Dame, primer viernes de mes, 3 de la tarde. Peregrinos de todo el mundo vienen a ver una ceremonia celebrada por un hombre con capa blanca, Caballero del Santo Sepulcro. Es el encargado de mostrar la Corona de Espinas, conservada en un tubo de cristal, la misma que los Romanos habrían puesto sobre la cabeza del Señor para burlarse de “Jesús de Nazaret, Rey de los Judíos”.

La Corona de Espinas, un pedazo de la Vera Cruz, la Santa Sangre, una piedra del Sepulcro, pedazos de la Santa Lanza y de la Santa Esponja se conservan en Notre Dame de París como grandes objetos de veneración para los cristianos, pero no siempre fue así.

Año 1248. Se termina la construcción de la Sainte Chapelle dentro del recinto del palacio de Luis IX, mejor conocido como San Luis Rey de Francia. Se realiza dentro de los recintos del Palacio de la Ciudad, en el lugar que ocupara anteriormente la capilla de San Nicolás, para simbolizar el vínculo entre los Santas Reliquias y la Corona y para rivalizar con la capital del imperio de Carlo Magno en Aquisgrán (hoy Alemania).

Los trabajos duraron 6 años. Esta Capilla, como un gigantesco relicario todo en cristal, fue construida para albergar las reliquias que, con la Revolución Francesa, pasaron a conservarse en Notre Dame.

Despojada de sus Santas Reliquias, la riqueza de la Sainte Chapelle está en su arquitectura, su decoración y, sobre todo, en sus grandes vitrales que dan la impresión de que el edificio carece de paredes, que produce la sensación de una inmensa elevación hacia el Reino de los Cielos. Estos grandes y hermosos vitrales representan imágenes con escenas bíblicas y también sobre la propia vida de Luis IX. Esta capilla responde al estilo gótico radiante.

Los padres de San Luis fueron Luis VIII y la Reina Blanca de Castilla, mujer de gran cultura, muy pía, con gran influencia sobre su hijo y según los historiadores “maestro de obra” de esta joya de la arquitectura.

La Corona de Espinas llegó a manos de Luis IX en 1237 y se la compró al Emperador Latino de Constantinopla Balduino II que necesitaba dinero para defender su imperio de los ataques de los búlgaros. El precio fue más de la mitad de los ingresos anuales de Reino. A los pocos años se unieron a la colección el resto de las reliquias.

La Revolución Francesa fue un mal momento para la Sainte Chapelle, no sólo por la transferencia de sus reliquias, sino porque fue utilizada como espacio para los archivos del colindante Palacio de Justicia. Incluso se pensó en demolerla, pero en 1836, bajo la presión pública, se llevaron a cabo grandes trabajos de restauración que duraron 26 años debido al desastroso estado en que se encontraba.

Junto con la colindante Concerjería es un vestigio de lo que en el siglo XIII era el Palacio de la Ciudad.

Desde finales del siglo XIX la Sainte Chapelle es considerada Monumento Nacional en Francia y desde 1991 es Patrimonio de la Humanidad.

Recientemente se ha terminado una nueva gran reparación de los vitrales y en el recinto principal se organizan conciertos de música sacra. La Santa Chapelle puede ser visitada en horarios sujetos a modificación por el módico precio de unos 175 quetzales en euros. Tiene visitas libres que duran una media hora, visitas guiadas en diferentes idiomas y visitas con conferencias también en español.

Vista del altar de la segunda planta

Bóveda de la segunda planta, capilla personal de Luis IX

Planta alta y capilla de Luis IX

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