El Siglo

Un discurso imaginario de un Presidente que existe

#MirillaIndiscreta

Quedé de juntarme con Manuel Salvador, frente al Palacio Nacional a secas.

Ese majestuoso edificio que se creó como expresión de unidad del mando ejecutivo y su autoridad, tuve la ingrata sensación que cuando le pusieron apellido, “De la Cultura”, fue el equivalente al retiro de un militar cuando lo jubilan del ejército.

En el caso del Palacio, la degradación del propósito de su existencia, fue de tal magnitud, que sus fachadas, la frontal y la que le cubre la retaguardia, mostraron con descaro indolente, las arrugas del tiempo permitiendo grietas, que como silente protesta deformaron su genético esplendor.

Parecido al uniforme de un General que comienza a perder el brillo de sus tiempos de gloria, y que requiere la revisión y pulimento de botones, le retiren la naftalina, que espanta los parásitos de lo que no se usa y añora un buen planchado de vez en cuando para estar listo e impecable.

Con el tiempo, los pasillos de nuestra magna construcción, dejaron de escuchar los pasos recios o marciales que resonaban a lo largo de los pulidos pisos, testimonio sonoro de la presencia de aquellos personajes que enfundados en sus mejores galas, hacían sentir el peso de su presencia y autoridad.

Hoy con avergonzada modestia, aquel regio escenario, se transformó en anfitrión de puñados de pisadas de zapatos tenis, calzados por grupos de visitantes, que, en distintos idiomas, comentan con manifiesto respeto, la necedad del Palacio por hacer valer su magnífico esplendor.

La pocas veces que el más espléndido despacho es ocupado, le debe recordar al mandatario el cuidado y dignidad con que resguarda su privilegiada condición de Presidente, no obstante eventuales visitantes que también en idiomas extranjeros o sesgos regionales ajenos al país, han sustituido la conducta que se espera del huésped o invitado, por la insolente pretensión de dar instrucciones intrusivas, que debieron ser rechazadas por Derecho de Soberanía.

Infligiendo una temeraria ofensa al señorío del Despacho y su titular.

Manuel Salvador Polanco, el más joven Presidente que tuvo el Palacio Legislativo, en su período, recorrió los pasillos de las dos augustas construcciones como orgulloso dignatario.

Investido de la facultad de ocupar legítimamente los Estrados del Congreso, tanto como el gobernante, el regio palco principal del Palacio Nacional, como titulares del poder transferido por el pueblo

Ese compromiso frente a la nación que los obliga a defenderlo con la vida si se hace preciso, heroico e inevitable ese glorioso honor póstumo.

Por eso los cobardes ni vende patrias están calificados para ostentar el privilegio de representar al pueblo.

Con mayor razón, ningún extranjero está ni estará legitimado nunca, para pisotear, humillar o avergonzar la dignidad de quienes por derecho soberano, los pueblos eligen o señalan como sus dignatarios.

Sólo los invasores con la justificación de la guerra, se permiten apropiarse de la soberanía de un país por la fuerza de las armas.

Disfrazar cualquier intervención como auxilio y aceptarla con sumisión está reservado para apátridas como receptores y ejercido por los invasores.

En Guatemala esa legítima autoridad pintada de azul y blanco ha sido teñida con sangre de mártires y patriotas como tributo por sus ideales.

La pócima de amnesia con la que han confundido al país, está perdiendo su efecto y lo feo comienza a lucir horrible y la mentira apesta a suciedad.

Los engañados que defiende la mentira se descubren ellos mismos  como imbéciles y los vende patrias, temen ya, ser descubiertos como traidores.

El burdo intento de anular la independencia que se proclamó hace más de siglo y medio, se percibe como una provocación que puede obligar a planchar los uniformes.

Ciento noventa y siete años después, de aquella emancipación, luce impropio emborrachar con mentiras al país para transformarlo nuevamente en colonia.

El eco atronador de pasos de autoridad que se ausentaron del Palacio Nacional puede evocar su retorno, porque se resiste a volverse alcahueta de turistas con tenis.

Puede hacer falta el gallardo resonar de botines y zapatos lustrados, con el señorío que acompaña el honor de un pueblo, al que se irrespeta, atropellando sus símbolos de autoridad y soberanía.

Esa dignidad, se discute con el pueblo en elecciones libres, no en despachos obscuros, sostenidos con credenciales espurias, que no pueden transformar en negociable la soberanía.

No se puede suplantar el mandato popular con convenios amañados e ilegítimos.

Constituye una traición a la nación para quienes lo toleran y uno de intrusión disfrazada, encubriendo una invasión, donde no arriesga la vida el que invade y sí, quien defiende su patria frente al agresor.

Esa guerra encubierta propia de este siglo cuyo método de intervención postula el CAOS, en lugar de la lucha armada, que finaliza con los mismos efectos devastadores.

Destruyen la base institucional y económica de los países escogidos.

Corrompen y financian a los grupúsculos encargados de provocar la confrontación y anarquía…

Agotan al país para que pierda la cordura y el orden …

Destruyen la pirámide de principios y valores tradicionales de apego la familia, la libertad y la vida…

Y en medio de semejante confusión, apropiarse sin resistencias de las devaluadas riquezas estratégicas del país… para entregarlas al servicio de capitales piratas y especuladores, que pagaron con creces, a todos los traidores sus servicios incondicionales.

Un nuevo modelo de nación, explotada por millonarios extranjeros y esbirros locales como ejecutores.

Manuel Salvador, se acercó para que juntos recorriéramos los pasillos del silenciado Palacio Nacional celosos guardianes de ecos eternos.

Venía cabizbajo porque antes de llegar, había visitado el Hemiciclo Parlamentario que cobijó su presidencia.

Y… en trance fugaz,  sintió escuchar el retumbar de tribunas jubilosas y encendidas procurando leyes para un país independiente al calor del debate creador de legisladores  libres.

En ese imaginario, en que cada quién forja sus propios héroes parlamentarios, entre aquellos patricios que honran el espacio que les otorga el pueblo.

Otros tiempos en que no era su única preocupación defender la Constitución en lugar de desarrollarla en leyes. Ni tampoco la de defenderse o entregarse a los designios de la intervención.

-Me devastó esa visita en lugar de animarme – me dijo frente al Palacio el abatido ex dignatario.

Quizá contagiado, la entrada, acompañado de Manuel, me transportó a la novela de García Márquez: El Otoño del Patriarca, en cuyo abandonado palacio, que aún presidía, pastaban las vacas.

No es el caso del nuestro. No llega a tal extremo.

Nos sentamos un rato en las gradas que dan acceso al patio de ceremonias, donde reinan dos manos izquierdas representando la paz que al parecer agoniza.

Manuel, que conoce los pasillos secretos de nuestro alicaído edificio quiso despertarme del letargo.

Mire don Edmundo… Me imagino al presidente recorriendo el túnel de casa presidencial al despacho del Palacio, decidiendo oficialmente ejercer desde aquí la autoridad que pretenden arrebatarle, los usurpadores un poder que se han robado.

Me lo imagino… convocando al pueblo, denunciando la Sedición de los que quieren terminar de tomar el mando del país.

Y con voz fuerte y que llegue a todos los rincones, instruya al Procurador de la Nación para que cumpla su orden y nos lea a todos:

Artículo 360 del Código Penal: El Guatemalteco que ejecute actos que directamente tiendan a menoscabar la integridad del territorio de la república, SOMETERLA TOTAL O PARCIALMENTE AL DOMINIO EXTRANJERO, COMPROMETER SU SUOBERANIA O ATENTAR CONTRA LA UNIDAD NACIONAL, SERÁ SANCIONADO CON PRISION DE DIEZ A VEINTE AÑOS.

ARTICULO 361. TRAICION IMPROPIA. EL EXTRANJERO RESIDENTE EN EL TERRITORIO DE LA REPUBLICA QUE COMETIERE ALGUNO DE LOS DELITOS COMPRENDIDOS EN LOS DOS ARTICULOS PRECEDENTES SERA SANCIONADO CON PRISION DE CINCO A QUINCE AÑOS.

Otra vez contagiado con mi imaginación completé el sueño presidencial de reivindicación a la patria, donde el mandatario, en el mismo discurso desde el balcón presidencial y frente a la población, convocaba y ofrecía encabezar la Rebelión de las Conciencias, leyendo la norma constitucional que ampara ese derecho inalienable del pueblo:

ARTICULO 45 DE LA CONSTITUCION POLITICA DE LA REPUBLICA… ES LEGITIMA LA RESISTENCIA DEL PUEBLO PARA LA PROTECCION Y DEFENSA DE LOS DERECHOS Y GARANTIAS CONSIGNADAS EN LA CONSTITUCION´

Salimos del Palacio Nacional y frente al balcón Presidencial dos seres solitarios. Manuel y Yo comenzamos a aplaudir aquel discurso imaginario que espera con ansias una población preparada y lista para defender sus derechos.

LA SEDICION ES UN DELITO

LA RESISTENCIA DEL PUEBLO UN DERECHO CONSTITUCIONAL.

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