El Siglo

Pena Capital desde una perspectiva Bíblica

#Emunah

La legalidad y moralidad de la pena capital siempre ha sido muy debatida en el transcurso de la historia. Los que están a favor justifican que la justicia exige que se imponga un castigo acorde con la atrocidad del delito para corregir e impedir que se imiten los mismos comportamientos criminales. Mientras los oponentes argumentan que la pena de muerte viola el derecho a la vida, es cruel, inhumana, discriminatoria e innecesaria.

No se pretende tomar partido por la pena de muerte, ni entrar en las ramificaciones políticas y similares; sino más bien observar que a través de una cosmovisión bíblica se reconoce la maldad y la necesidad de justicia, así como la esperanza de redención y restauración incluso para los criminales más infames.

La ley Mosaica, otorgada por Dios para su pueblo Israel, ordenaba la pena de muerte para muchos delitos: asesinato, secuestro, adulterio, homosexualidad, prostitución, violación, entre otros. Sin embargo, el cargo más serio fue el asesinato. En Genesis 9, Éxodo 21, Levítico 24, Números 35, como en otros versículos bíblicos se enfatiza el principio de “vida por vida”.

De igual forma, el Nuevo Testamento no abolió la pena capital; el mismo Jesucristo dijo que mientras existan el cielo y la tierra, la ley y los profetas no deben revocarse. Jesús reconoció la legitimidad de la misma ante el gobernador Pilato (Juan 19:11), así lo hizo el apóstol Pablo ante el gobernador romano Festo (Hechos 25:11), quien también en Romanos 13 enseñó a someterse a las autoridades romanas para evitar la espada.

Cabe aclarar que las leyes justas de Dios hicieron una clara distinción entre el homicidio deliberado y el involuntario. Un asesino deliberado no tenía derecho a un rescate; pero los homicidas involuntarios eran protegidos en ciudades de refugio y exonerados de la pena de muerte.

También se implementó un procedimiento legal y una investigación exhaustiva para garantizar que ningún inocente fuera ejecutado. Se crearon tribunales para poder oír los casos y se dejó establecido que al asesino se le daría muerte ante la evidencia de testigos, pero nunca por el testimonio de un solo testigo.

Es predominante mencionar que las Escrituras incluyen muchas dispensaciones para la pena capital mostrando el amor, misericordia y perdón de Dios. Personajes como Caín, Moises, Amnón, y David no fueron ejecutados e incluso dos de ellos fueron usados por Dios en gran manera.

Los cristianos contemporáneos que se oponen a la pena capital a menudo basan su posición en la ética del amor y la no violencia de Jesús, ya que enseño a amar a los enemigos y orar por ellos para erradicar la venganza y la violencia. Igualmente apelan al mandamiento de no mataras, y a que Jesús abrogó el principio de lex taliones, y se negó a condenar a la mujer sorprendida en adulterio.

A pesar de los desacuerdos dentro de los rangos evangélicos, se debe ser objetivo. Independientemente de dónde decidan los cristianos tomar posición sobre este tema tan controversial, se debe admitir que Dios instituyó la pena capital en las primeras etapas de la civilización humana antes de la Ley mosaica, y que la misma nunca es anulada por Jesús o los apóstoles. Jesús siendo inocente, fue sentenciado a muerte, pero esa injusticia no es un reflejo de la naturaleza justa de la pena capital en sí misma.

Al ser creado a imagen de Dios se poseen características de justicia, amor, y perdón; como capacidad de razonar y elegir. Se podría razonar que la detención permanente en celdas o la justicia restaurativa son la mas indicadas; porque mientras hay vida hay esperanza, y los criminales pueden tener la oportunidad de arrepentirse y cambiar de vida, ser salvos.

Incluso se podría argumentar que esta ley era exclusivamente para Israel, una nación gobernada por Dios. Pero sería presuntuoso pensar que se puede instituir un estándar más alto que el de Dios o ser más compasivos que Él. Expresar que la pena de muerte es anti bíblica, un error doctrinal, injusta, o inmoral carece de coherencia teológica. Dios es justo y Dios es amor al mismo tiempo y sus enseñanzas son justas e irrevocables.

Los cristianos deben mantener las convicciones en la palabra de Dios, la cual la han aceptado como única verdad al haber nacido de nuevo y adoptado la ciudadanía celestial. No se puede ser selectivo, ya que se debe ser coherente con los principios y aplicaciones bíblicas, de lo contrario se estará contradiciendo a Dios y a su Palabra.

En su justicia, Dios no puede pasar por alto los delitos. El dejo su ley porque es la norma bajo el cual Dios mide a cada persona y se deja acentuado su culpabilidad. Pero también dejo su amor porque a través de el rescata lo más vil de este mundo. Jesucristo, siendo inocente, toma el lugar del culpable para llevar su castigo y satisfacer la justicia de Dios al mismo tiempo. A última instancia, todos y cada uno por los pecados cometidos merecen la pena de muerte (Romanos 6:23); pero Dios en un acto de amor incondicional libra de toda condenación a la humanidad ofreciéndole vida eterna.

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