Home > Columnas > Jimmy Morales no es Julio César.

Jimmy Morales no es Julio César.

#DiviFilius

Pero su talante para gobernar lo asemeja un tanto más a otro de los amigos cercanos de Cayo Julio César; nada más y nada menos que a Marco Junio Bruto Cepión.  La similitud tiene que ver con en la forma cómo a Marco Junio (de la casa de los Junios Brutos)  recibía la motivación para hacerle saber lo que de él se esperaba en el Senado.  Le aparecían mensajes pintados en las paredes que leían así:    ´En verdad que tú (Marco Junio) no eres Bruto´. 

Con ´Jimmy´, sólo hay que modificar dos simples letras de la anterior oración.

De políticos cómo el Presidente Morales los ´antiguos´ siempre mostraron preocupación y recelo.   Por eso toda la filosofía griega y las reflexiones de los estoicos romanos (cual Séneca o Marco Aurelio) está llena de un tono ´elitista´ y un desprecio por el hombre más común que corriente.  Tampoco es posible ´fiarnos del sentido común´ cómo lo sugerirían Locke o Paine,  pues por mucho que las derechas empresariales citen a estos viejos filósofos anglosajones,   ninguno de los pensadores importantes del 1600  o 1700 hubiera considerado que el sentido  común de vender carros,  embotellar agua,  distribuir pollo o hacer comedia son condiciones necesarias y suficientes para ocupar la magistratura más importante del país.  Durante toda la gestión del presidente Morales no hubo una sola pizca de comprensión en torno a cómo el proceso democrático funciona o cómo se consolida la democracia.

He de aclarar, esta crítica no tiene nada que ver con el hecho que el Presidente Morales sea un hombre de derechas, ni por el hecho de su simpatía tan particular por el Estado judío, ni porque haya traspasado las sanas barreras del Estado laico, o en razón de su gusto tan irracional por los militares (siendo él mismo una persona que no hizo servicio militar ni obligó a sus hijos a realizarlo). El Presidente Morales podría ser un político de izquierdas, amigo de comunidad internacional y admirador del chavismo e incluso así sus desatinadas acciones administrativas serían criticables.   Aquí la ideología es lo de menos,  lo ´gordo´ es la torpeza y la banalización que llevó a cabo de la función pública.  Remover al intendente del SAT que había logrado 99% de la meta trazada,  remover  a la cúpula de la PNC que había arrojado los mejores números en la historia de la policía nacional civil guatemalteca; cesar a un canciller con experiencia que no se prestó al ´mamarracho´ del non grato,  crear una enemistad innecesaria con la comunidad internacional; autorizar la designación de un bachiller cómo ministro del interior siendo así directamente responsable (el presidente Morales) de haber destruido en cuestión de meses los avances de casi una década en la reforma de la PNC.   Si a esto se agrega, declaraciones ilógicas,  las contadas desapariciones del espectro público, evitar a la prensa  en momentos de crisis y las acusaciones de acoso de sexual, quizá su legado concluirá siendo el que refiera al peor presidente de la etapa democrática del país.

La denuncia por financiamiento electoral ilícito (casi un millón de dólares sin reportar) que pesa sobre un candidato que utilizó el slogan ´ni corrupto ni ladrón´ vuelve otra vez a emerger, y posiblemente en esta ocasión sirva cual mecanismo correctivo.  Y es, la verdad,  muy significativo que esto suceda a tan poco tiempo del proceso electoral para que el resto de partidos no olviden el ´pecado original de la democracia´.

Para quienes nos interesa la administración pública, es una pena que no sea posible plantear un antejuicio al presidente por razones de ser un improvisado.  Sigue siendo más que cierto lo que los antiguos creían: Los asuntos de la polis (El Estado) no pueden estar en manos del improvisado, del neófito, del aprendiz o del bufón.

TEXTO PARA COLUMNISTA
.
.