El Siglo

Las veleidades de la política nacional

#Antropos

Teóricamente se define a la política como aquella acción que busca los mecanismos para alcanzar un fin de carácter social y para beneficio de la colectividad. Y a la politiquería, como una especie de descomposición de la política en la que prevalecen el manipuleo, la mentira, la corrupción y la ausencia de transparencia

En el verdadero sentido de la política, se definen políticas de bienestar social como la de seguridad, educativas,  salud, culturales, económicas, empresariales, entre múltiples ejemplos. Pero también existen los partidos políticos que idealmente son aquellos instrumentos de mediación entre la ciudadanía y el Estado. Definen estrategias, programas de trabajo, planes de gobierno y están sustentados por una manera de concebir la sociedad y el Estado, que algunos le llaman a esto, ideología, sin entrar al análisis de las sutilizas de este  término o concepto. En síntesis, los partidos políticos contribuyen a fortalecer la democracia de un país.

En el caso de Guatemala, históricamente se han dado algunos casos  de lo que es un partido político, tal es el ejemplo del Movimiento de Liberación Nacional, (MLN) de ultraderecha, con dirigentes teóricamente bien formados con un pensamiento de carácter anticomunista como resultado de los estertores de la guerra fría, el cual se convirtió en la antítesis del movimiento  revolucionario de octubre de 1944. El Partido Guatemalteco del Trabajo (PGT) de orientación marxista-leninista con una lúcida y brillante dirección de cuadros formados en la lucha cotidiana,  el cual  por diversas razones entre las que se destaca la guerra intestina que vivió el país en sus últimos años desapareció porque a casi todos sus miembros los  asesinaron, se exilaron o guardan silencio por  temor a no ser perseguidos. Así como  la Democracia Cristiana (DC) de orientación social cristiana inspirado en algunos documentos de encíclicas papales y en filósofos como J. Maritain autor de la propuesta de la Declaración Universal de los Derechos Humanos y de E. Mounier, pensador cristiano francés que inspiró toda esta corriente a nivel mundial. Fue un partido pujante y con excelentes cuadros políticos de una profunda y amplia formación  político-ideológica, en centros de formación de Costa Rica, Venezuela y Alemania, pero murió,  cuando hizo gobierno porque no logró articular el discurso con el accionar político, a pesar de contar con un inteligente y creativo plan de gobierno. Sus contradicciones internas se comieron el partido, además de las presiones de los sectores poderosos del país ante quienes sucumbieron.

Obviamente, han existido otros intentos como los del Partido Revolucionario (PR), así como otros  encabezados por figuras brillantes de pensamiento social demócrata como Manuel Colom Argueta y Alberto Fuentes Mohr. Con el criminal asesinato de estos líderes paradigmáticos, se rompió el hilo conductor para articular adecuadamente propuestas para conformar un partido político bajo esta orientación ideológica, tan necesaria en el país.

Hoy día, a diferencia del partido Unidad Nacional de la Esperanza y del extinto partido Libertad Democrática Nacional, quienes lograron una enorme organización nacional con algunos atisbos ideológicos en el que se destaca el primero por el sendero de la social democracia y el segundo por un social cristianismo renovado, el primero aún vigente, no logra constituirse institucionalmente y el segundo, desapareció por diversas causas, entre las que se destaca su cancelación por el Tribunal Supremo Electoral. Lo que hoy vemos, es la ausencia en el  escenario nacional, de organizaciones capaces de nuclear grandes conglomerados que pueda uno pensar que existen fuerzas y líderes que emocionen y motiven las conciencias escépticas de la población. .

Pero es un hecho que se acercan las “alegres elecciones” y en medio de la somnolencia ciudadana, surgen nombres de personas y de organizaciones políticas interesadas en participar en este próximo proceso electoral. Hay más preguntas, interrogantes, ambigüedades y dudas, que certezas. Claro está que no es el único país bajo estas circunstancias, a no ser el triunfo anunciado de López Obrador en México, que en su tercer intento logró un triunfo casi absoluto, con la esperanza que su discurso se vuelva realidad en una sociedad llena de enormes y complejos problemas.

El sueño dormido de los guatemaltecos, consiste que podamos escoger a los escogidos, a partir de las ideas que nos presenten y que logren con sus palabras y sus actos, legitimarse con el voto popular. Nos gustaría que los grandes capitales nos dejen a los ciudadanos de a pie decidir el destino político de la sociedad y el Estado guatemalteco. Necesitamos abrazar un ideal democrático en el que se sustenten propuestas concretas, viables de carácter político, pero muy lejos de la politiquería que se traduce en simple manipulación.

.
.