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EL TEMA DEL SIDA

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#DescubrirLasRaíces

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Es tema actual, que a veces se enfrenta con  cierto sentimiento de frustración. Es lo que ha dominado el Congreso sobre el Sida celebrado a finales de julio en Ámsterdam. Esa reunión suele organizarse cada dos años, con aspectos científicos, pero también sociales, culturales y políticos, consecuencia de las características peculiares de esa pandemia, descubierta hace menos de cuarenta años, pero merecedora de la creación de una agencia internacional especial: ONUSIDA. No en balde, pués desde su aparición en 1981, ha matado a 35,4 millones de personas e infectado a 77,3 millones.

En este Congreso se han repetido tesis conocidas sobre profilaxis, incluida la conseguida con medicamentos tomados inmediatamente antes o después de actos sexuales. El problema es que la hipotética reducción de infecciones así conseguida resulta contrarrestada, en mayor parte, por aumentar frecuencia de prácticar con el riesgo de transmisión.

Ya en Guatemala en la lucha contra el sida decidió, para comenzar, llegar a cero en estigmas y discriminaciones. Siempre es buen punto de partida, porque en cualquier aspecto de la convivencia social y particularmente para los contagiados de sida, el estigma crea miedos, posibles errores de juicio, estigmas internos, estereotipos negativos, es ocasión de intolerancia.

Todo lo anterior es válido si no se olvida que el sida como epidemia es, sobre todo, un problema ético. Debe buscarse un cambio de comportamiento; porque la prevención efectiva del sida debe basarse en un concepto de persona humana fundado en las leyes naturales.

A este respecto es interesante el caso de Uganda. En 1990 el sida alcanzó el 20% de su población; en unos 20 años bajó al 6%, y fue modelo de su prevención. La Dra. Kakooza, expone como fue: cambiar la conducta sexual, lucha contra la pobreza y mejora de las condiciones sociales de las mujeres. Habla también de la valentía y claridad de las autoridades. Y la población captó la magnitud del problema y cambió su comportamiento para evitar el riesgo; y no solo reducirlo como hacen los programas centrados en los preservativos. El mensaje sobre el cambio de comportamiento fue muy claro: A (abstinencia), B (fidelidad) y, si no se vive lo anterior, C (condón o preservativo), aunque es reconocida su inseguridad para evitar el contagio. Y aclara que, en una política basada en la persona humana, esa C indica también Carácter, formación del carácter y en valores.

Porque hay que partir de que la relación sexual no es sólo una entrega física, sino que implica la entrega de la persona entera, al ser una manifestación entre los esposos. Y que es claro que los que viven la abstinencia antes del matrimonio y la fidelidad entre los esposos, tienen protección natural ante el sida. Y que las campañas basadas sólo en el preservativo fallan porque éste falla una de cada cinco veces; y además, favorece el desenfreno sexual basado en esa falsa seguridad, y los contagios aumentan.

Es necesario partir de que este recto mensaje de la sexualidad lleva consigo la felicidad y eficacia a quienes lo practica: es necesario partir del recto concepto de la persona humana y su sexualidad.

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