El Siglo

Modernización fiscal en nombre de la democracia -parte III y final-

#CrisolLiterario

Dentro del marco de las dificultades socioeconómicas del país, la crisis fiscal constituye sin duda el desequilibrio más apremiante que debe afrontar el Estado en el fortalecimiento del proceso democrático de la población guatemalteca. Para medir la evolución del papel del gobierno en la vida económica y social de un país, lo más directo consiste en examinar la importancia adquirida por el conjunto de los impuestos; y otros gravámenes, en la participación del ingreso nacional. O, lo mismo, desde la otra cara de la moneda: ¿Cuánto del ingreso nacional se dedica a los impuestos y al gasto público; y a otras transferencias, como: la inversión social?  A decir del Economista Francés Thomas Piketty; autor del Best Seller, El Capital en el Siglo XXI: «Cada Estado debe buscar la forma más sana, eficiente y racional de llevar el desarrollo a su población; o el pasado, asolará el futuro intergeneracional de su gente».

Visto esto, podemos decir que desde la perspectiva de toda economía nacional, los dos problemas centrales son: el desempleo y la inflación. En sus dos modalidades: 1. Inflación correspondida a la Demanda Global de bienes y servicios y, 2. Inflación por el aumento de costos de producción de las empresas ocasionada por el alza de los precios de los insumos para la producción.  Esta inflación encuadra dentro del campo de la economía de los intangibles; y es el sistema empresarial, el sector ideal para manejar esta situación.  Sin embargo, cuando la inflación es producto de una demanda global de bienes y servicios del Estado;  el control principal queda en manos de los Bancos Centrales, de las agencias de Administración Tributaria y de los ministerios de Hacienda o Finanzas Públicas quienes tienen a su cargo el manejo de las principales variables macroeconómicas: tipo de Cambio de la Moneda, Gasto Público -por la vía de los Presupuestos Generales del Estado-, Impuestos Tributarios y tipos de Interés Bancario (el precio del dinero; adicional a lo que cuesta imprimirlo «el famoso señoreaje de la moneda»).

Es importante mencionar que desde La Demanda General -Keynesiana-, tanto la inflación como el desempleo, son dos variables antinómicas (que no se suceden simultáneamente). Por tanto, el Estado por la vía del gobierno (instituciones citadas arriba) debe salvaguardar una buena administración de la ecuación general de Demanda Agregada. Esto sería, conservar un buen manejo de la deuda pública, que no exceda un umbral alto (35-45%) del PIB; así como un déficit fiscal mesurado respecto del mismo PIB. Todo esto debe estar en consonancia con el desarrollo económico; bien sea, si el Estado decide ir por una política económica expansiva (en caso de altas tasas de desempleo). O, por el contrario, en la senda de una política económica restrictiva en caso de altas tasas de inflación. Una vez determinada la política macroeconómica -expansiva o restrictiva-. El Estado debe inmediato hacer los ajustes microeconómicos (estabilidad de precios de la canasta básica; creación de fuentes de trabajo local, mediante creación de Mipymes; agricultura familiar; turismo ecológico a lo largo de la Riviera Maya y el fomento de las artesanías en  el  marco de nuestra etnocultura). Estas variables de desarrollo son fuente importante de riqueza nacional, que no hemos sabido aprovechar desde el Desarrollo Económico Local -DEL-.

Indicar, finalmente, que esta breve introducción -o preludio- al fomento de la cultura tributaria progresiva (en cualquiera de sus modalidades;  excepto, el Impuesto al Valor Agregado -IVA-  para no afectar al consumidor económicamente vulnerable) se propicia desde la plataforma de la Economía Social y Ecológica de Mercado, cuyo principal postulado económico es: Que…, “Para distribuir riqueza…,  primero… hay que generarla;  al tiempo, que debe fortalecerse el Estado para que con reglas claras se intervenga en el desarrollo socioeconómico y ambiental de los pueblos”. En la experiencia de otras latitudes, la Economía Social de Mercado «con inclusión de la variable ambiental», en concordancia a las exigencias del Siglo 21, ha cubierto (sufragado) aquellas fisuras en donde falla la economía de intercambio clásico de bienes y servicios;  y de esta forma,  ambos «La Economía Clásica de Mercado y el Estado» se han complementado en el objetivo de la construcción Social y Ecológica de sus Sociedades. Ejemplo: Uruguay, Canadá, España, Chile;  y en menor escala,  Paraguay, Colombia  y Costa Rica. Países emblemáticos por sus esfuerzos en la construcción social de sus Estados. A semejanza, en el “Triángulo Norte Centroamericano”; incluyendo a Nicaragua, deberíamos como sociedades no desfallecer al esfuerzo de construcción y fortalecimiento de la cultura de paz  e  inclusión social en el desarrollo socioeconómico de las naciones. Fin de la miniserie.

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