El Siglo

Permanece

#Emunah

Hay momentos en nuestras vidas en la cual enfrentamos situaciones en la que no vemos una salida. Situaciones límites en donde nos encontramos entre la espada y la pared, donde los obstáculos se magnifican, y se siente que no hay escapatoria. ¿Qué hacer en esos momentos? ¿Qué decisiones se deben de tomar?

La Biblia narra un episodio similar en la cual los israelitas se encontraron en esa encrucijada. Enfrente tenían el mar rojo, y atrás el ejercito Egipcio acechándolos. En ese momento no sabían que hacer y su primera reacción fue el de quejarse y llenarse de temor esperando el más terrible desenlace.

Desesperados expresaron “!Más nos vale ser esclavos de los egipcios que morir en el desierto!” Más, sin embargo, hubo alguien que se levantó en fe, Moisés, quien confió en Dios y le dijo al pueblo “No temáis; estad firmes, y ved la salvación que Jehová hará hoy con vosotros.”

Esa acción de fe, y la orden de Jehová indicando a Moisés extender su vara sobre el mar produjo uno de los milagros más renombrados de la historia del éxodo israelita. El Mar Rojo se abrió y el pueblo siguió adelante y escapó de la mano de su enemigo.

En otro episodio bíblico, un hombre tuvo que tomar una difícil decisión entre sacrificar a su único hijo, o salvarle la vida. Aún en este inmenso sufrimiento, Abraham optó por obedecer a Dios a pesar de todo, por lo que su acción demostró que su fe y confianza en Dios era incondicional.

La vida no es una carrera de 100 metros, es una maratón de resistencia. Aquellos que perseveran confiando en Dios y en su palabra son los que permanecen, ya que no se detienen a la mitad de la batalla, sino que siguen adelante a pesar de no tener el panorama claro hasta alcanzar la victoria.

El capítulo 8 del libro de los Romanos comenta que en medio de todos nuestros problemas, estamos seguros de que Jesucristo, quien nos ama, nos dará la victoria total. Así que permanezcamos firmes en las promesas de Dios a pesar de nuestros temores e incertidumbres.

El apóstol Pedro aún con todos sus miedos se animó a caminar sobre las aguas, y aunque se hundió, Jesucristo lo levanto de nuevo. Quizás, como él, tengamos temor al ver los vientos y tormentas a nuestro alrededor, pero para salir victoriosos de situaciones adversas tenemos que permanecer en fe.

Si logramos entender y aplicar el principio de permanencia en Dios, nunca nos detendremos en los momentos difíciles de la vida, ni ante los fracasos; al contrario, precisamente en esos tiempos de aire en contra, perseveraremos y nos elevaremos como las águilas, por encima de los problemas, porque estaremos confiados en que la victoria es del Señor, y si Dios con nosotros quien contra nosotros.

La Biblia está llena de anécdotas en donde los protagonistas se encontraron en circunstancias críticas; más, sin embargo, Dios les dijo: “Levántate, cíñete, porque largo camino te queda por delante”. Así que, en esos momentos de crisis, no bajemos los brazos, recordemos que para no hundirnos tenemos que mantener nuestra mirada en el Señor, quien nos ama con amor eterno y nunca nos abandonará.

A veces hemos tenido problemas por una larga temporada por lo que nuestros sueños, anhelos e incluso promesas parecen imposibles y empiezan a borrarse de nuestra mente, llevándonos a visualizar un panorama negativo.

Cuando los israelitas se dirigían hacia la Tierra Prometida tenían oposición en todas las direcciones: enemigos, provisión limitada, vida austera, enfermedades. Ellos se sentían abrumados, inadecuados, creyendo que su vida nunca cambiaría y muchas veces renegaron de la misma. En lo natural, los israelitas nunca hubieran tenido una oportunidad de obtener todo lo que lograron si Dios nunca hubiera estado con ellos.

Dios dijo a su pueblo estas palabras cuando ellos creían que su fin era el desierto “Yo iré delante de ti, derribaré las montañas, romperé las puertas de bronce y haré pedazos los cerrojos de hierro. Yo te entregaré tesoros escondidos, riquezas guardadas en lugares secretos, para que sepas que yo soy el Señor, el Dios de Israel, que te pongo nombre.”

Tenemos que reconocer que la diferencia en nuestras vidas la hace Dios, él es quien nos da palabra y nos levanta para seguir luchando. Todos podemos tener grandes obstáculos en nuestro camino, un diagnóstico médico negativo, escasez financiera, conflictos en relaciones interpersonales, pérdida de seres queridos, promesas retrasadas, entre otros.

Al vernos atrapados en estas situaciones, y al vivirlas por un largo tiempo, empezamos a dudar y perdemos nuestra fe. Le pasó a Juan el bautista quien fue el precursor de Jesucristo, pero al hallarse en diversas pruebas, dudo en que Jesús fuera el Cristo.

La angustia que Abraham vivió al prepararse a sacrificar a su hijo fue inquebrantable, pero a pesar de su crisis decidió confiar y honrar a Dios, y descubrió que aún en la noche más obscura Dios tiene la última palabra. Sigamos su ejemplo, permanezcamos en Dios, confiando en que él abrirá camino donde no lo hay porque para él todo es posible.

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