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DEFICIT POBLACIONAL: INCIDENCIAS

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#DescubrirLasRaíces

El pasado mes apareció la noticia de que los japoneses tienen un  problema: su población se reduce. La última vez que el país exhibió una tasa de fecundidad que garantizara el reemplazo poblacional fue en 1974, con 2,5 hijos por mujer, pero de entonces acá ha ido a la baja, y en la actualidad está en 1,44. Y no es que peligre la economía del futuro: es que peligra la actual. Según cifras acopiadas por The Economist, en las últimas dos décadas ha caído en un 25% el número de trabajadores menores de 30 años y hay un 60% más de puestos laborales que personas en busca de trabajo. A menos nacimientos, más envejecimiento total.

En su Plan para la Participación Dinámica de todos los Ciudadanos, de 2016, Tokio trazó algunas líneas de acción, como impulsar la mejora de las condiciones laborales, de modo que sea posible conciliar trabajo y cuidado de la familia. Además, invitó a las empresas con trabajadoras que hayan dejado sus puestos para cuidar de sus hijos, a readmitirlas, y dijo que las autoridades desarrollarían una labor “proactiva” para animar a los hombres a que se involucren en la atención a los pequeños en casa.

Por otra parte, la realidad señala que el descenso de población no aumenta el nivel económico a ningún país. El desarrollo depende básicamente de políticas económicas acertadas, la población es sólo un factor más. Incluso el crecimiento demográfico rápido exige un esfuerzo importante en educación, sanidad, vivienda, por ello muchos economistas defienden que puede estimular el progreso técnico y económico.

Estudios de la Universidad de Harvard documentan que la población mundial se incrementó tremendamente entre 1900 y 1990, y continúa creciendo. Sin embargo, esta explosión demográfica no empobreció a la humanidad; por el contrario, ha coincidido con una explosión de las condiciones de salud y productividad en todo el mundo. En el presente, el promedio de la población mundial vive más, come mejor, produce más y consume más que en cualquier otra época.

Además, muchos sostienen que la gente no tiene más hijos no sólo por falta dinero, aunque desde luego los sueldos bajos no ayudan a que una pareja se decida a tener más hijos. Ahora bien, señalan, la falta de medios era mayor en los años sesenta del pasado siglo, y los índices de natalidad superaban con mucho a los actuales. Entonces, algo falla:  es que es muy difícil –dicen- amar la vida sin creer en algo, sin valores, sin Dios. Incluso la vida se puede aprovechar compulsivamente, como el dinero: pero no se saborea.

Por ello no dudan en señalar la crisis de valores como determinante de la disminución de natalidad.

La verdadera riqueza del mundo moderno son los recursos humanos. Por eso, ante el crecimiento de nacimientos debe incrementarse ayudas a las madres, subsidios a los establecimientos educativos… Lo otro, disminuir la natalidad, es hipotecar el futuro.

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