El Siglo

El pueblo unido jamás será vencido

Una frase que comúnmente gritan a todo pulmón los manifestantes en diversas protestas de distintos sectores es: “El pueblo unido jamás será vencido”. En contraposición, la máxima latina Divide et impera frase latina cuyo significado es: divide y vencerás, cuyo origen es desconocido, pero cuyo uso se atribuye al general romano Julio César y al emperador Napoleón, se erige como una muralla en contra de la coreada por las multitudes en las manifestaciones de protesta popular.

Dicha máxima latina, constituye la materialización verbal de la estrategia, que se emplea con el objetivo de alcanzar el poder mediante la ruptura en fragmentos de concentraciones de personas o grupos, ya que de manera individual poseen menos energía presentando menos resistencia de esta forma a la intención de ser conquistadas. La ruptura de las estructuras de poder existentes, resultado de la estrategia implementada, busca evitar la vinculación de los grupos de poder más pequeños con el objeto de dominarles con mayor facilidad.

En la actual coyuntura, resulta preciso colocar en la balanza ambas frases y reflexionar a profundidad, sobre el estatus actual e histórico de la dinámica social guatemalteca. Al parecer, cada vez, la sociedad está más dividida, producto de la estrategia implementada, de manera muy sutil, bajo un nutrido catálogo de disfraces, encaminados a fomentar sistemáticamente la división ocasionando con esto una grave lesión al tejido social guatemalteco. Una lógica deducción surge producto de este análisis: “Un pueblo dividido siempre será vencido”.

Para lograr que Guatemala alcance la victoria, en la batalla por el desarrollo y la justicia, es preciso que todos los sectores que la conforman se unifiquen de manera integral, a efecto de no sucumbir ante la estrategia que, sistemáticamente se ha venido implementando, a lo largo de las páginas de la historia nacional.

De vital importancia, resulta, entonces, para la colectividad, analizar con sentido racional y crítico, qué elementos son fundamentales para terminar de una vez por todas con los argumentos a favor de las divisiones que nos laceran como sociedad y que nos mantienen permanentemente conquistados.

La división por cuestiones económicas, políticas, de género, raza, religión y hasta futbol, persisten en nuestra sociedad, motivada, en parte por la intransigencia proverbial del guatemalteco absolutista e intolerante, que rechaza de manera tajante el punto de vista ajeno y que busca imponer el propio, a como dé lugar, como si fuera dueño de la verdad absoluta y en parte por las causas que producen el germen de la derrota social en la batalla por la consecución del bien común. Tales manifestaciones divisorias adquieren un sinnúmero de matices. El establecimiento de la lucha establecida por diversos grupos, en contra de la generación de empleo o de la inversión económica, produce resultados que deslegitiman la congruencia de la lucha de quienes, argumentando el fortalecimiento de las instituciones democráticas, abonan cada vez más las condiciones ideales para la producción de un estallido social.

Debemos reconocer que somos un país dividido, pero analizar cuidadosamente el origen de quienes propician la división y la verdadera naturaleza de sus intenciones. Es necesario comprender que la condición pluricultural y multilingüe de este gran país no debe constituir el abono que haga germinar la semilla de la división, bajo la manipulación de los términos racismo y exclusión y luchar, hombro con hombro, para lograr que esta, finalmente, llegue a ser verdaderamente una Nación Libre, Justa y Solidaria.

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