El Siglo

Hermanos centroamericanos, fuerza

#PensamientoCrítico

Tres meses han transcurrido desde que se iniciaron las manifestaciones y protestas por una reforma a la Seguridad Social impuesta por el presidente sandinista Daniel Ortega, que destapó el descontento general del gobierno de turno, que ha tomado acciones sistemáticas para mantenerse en el poder.

En el acto de conmemoración a los 38 años de la Revolución sandinista –que derrocó la dictadura somocista en 1979- el presidente Ortega exclamó: ¡Que viva Nicaragua siempre libre! Mientras que su esposa, la vicepresidente aseguraba que se debía cuidar la democracia y la libertad. Ambos discursos totalmente contrastantes con la situación que se vive en las calles del hermano país.

Más de 350 muertes es lo que reportan algunos de los medios internacionales, que han sucedido en estos últimos tres meses. Una barbarie indescriptible cuando las fuerzas de seguridad son las que han provocado la mayoría de estas muertes. Sin lugar a dudas es la más relevante de las crisis humanitarias provocadas por un gobierno, en los recientes años, y está sucediendo aquí al lado, a nuestros vecinos, a nuestros hermanos centroamericanos.

La dura represión que ha tenido el gobierno sandinista frente a los civiles que se oponen a un régimen cuasi dictatorial es lamentable. El uso de la fuerza no es la solución para resolver la crisis política que se vive en Nicaragua. Sin embargo, ha sido el mismo gobierno quien no ha permitido que las mediaciones al diálogo avancen, pese la reiterada insistencia de la comunidad internacional y los esfuerzos que ha tratado de realizar la Iglesia Católica.

El 19 de abril los nicaragüenses pusieron a sus primeros muertos y al día de hoy esa cifra sigue aumentando. Como guatemaltecos esta represión que se está gestando debe de preocuparnos, no solo por los vínculos intrínsecos que tenemos como centroamericanos, sino porque de ninguna forma podemos permitir que se atente contra las vidas humanas por propósitos políticos.

Este tipo de conductas no son más que evidencias de una dictadura que va cobrando forma.

La violencia NUNCA será la solución para resolver un conflicto político, las autoridades nicaragüenses pierden toda su legitimación cuando para imponer sus ideas o forma de administrar la cosa pública deben utilizar la fuerza.

Que este sea un claro ejemplo para Guatemala de lo que no debe suceder, lo que no se puede permitir. Es por ello que los guatemaltecos conscientes de ello demandan que el Estado se pronuncie para repudiar dichos actos vandálicos, dictatoriales, autoritarios y antidemocráticos.

La historia centroamericana de conflictos armados debe servir de recordatorio para todos que el uso de las armas y la violencia únicamente resultan en un retroceso para el desarrollo de los países. Es nuestro deber como ciudadanos del mundo y hermanos centroamericanos, seres humanos, solicitarle al gobierno nicaragüense el cese de la fuerza pública en contra de civiles; que se retome el diálogo y que encuentren una solución pacífica.

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