El Siglo

Reflexiones sobre la prohibición del plástico

#HaciaLaLibertad

Hace dos días, el Congreso de la República pasó en segunda lectura la iniciativa 5196 que es un proyecto de ley que pretende regular el uso y comercialización de las bolsas de plástico.

Los diputados pretenden con esta ley eliminar, en cierto tiempo, las bolsas de plástico que se usan hoy en día en todos los mercados y supermercados del país.   La iniciativa está basada única y exclusivamente en un aspecto de la vida útil del plástico, el final de su vida y el hecho que el mismo no sea adecuadamente recolectado y llevado ya sea a un relleno sanitario adecuadamente manejado o a reciclaje o a incineración.  No han tomado los aspectos positivos del plástico en la vida humana.

La ley es muy mala.  El problema que se quiere resolver, es decir, la basura plástica en las carreteras, puentes, montañas, ríos, lagos, playas y mar no se hará por esa vía.   Para que tengamos una mejor idea de lo que hablamos, quienes piensan que se debe prohibir el plástico no se dan cuenta que las bolsas plásticas representan menos del 1% del total de la basura del país.  Entonces, el problema no es el plástico, el problema es la basura.  ¿Por qué entonces no nos enfocamos en el verdadero problema? ¿Por qué no resolvemos la verdadera causa?  Prohibir el plástico es un distractor.  Es una ley popular, está de moda oponerse al plástico, pero no es ni por asomo la solución a nuestro grave problema de basura y contaminación que hay por todos lados.

En Guatemala existen 340 municipalidades.  De estás se pueden contar con los dedos de una mano las que más o menos tienen un adecuado sistema de recolección y tratamiento en rellenos sanitarios de la basura.  Existen aproximadamente 10,000 vertederos clandestinos.   Y 10 municipalidades, por su cuenta, han prohibido el uso de ciertos plásticos en sus municipios.  Sin embargo, el problema de la basura sigue, y las alternativas al plástico son más contaminantes, peores para la salud humana y caras.

Esta iniciativa de ley cambia las reglas del juego por las que muchas personas decidieron confiar e invertir en Guatemala en la producción de bolsas y otros productos plásticos.  Aprobar esa ley nos coarta nuestra libertad de producir, distribuir y comerciar sin coerción ni privilegios.  Hoy prohíben las bolsas de camisetas y las bolsas que se venden en los mercados.  Mañana ¿Que prohibirán?  ¿Dónde para esto?  Mañana prohibirán otros tipos de plástico.  Y pasado mañana se les ocurrirá prohibir la comida rápida con grasa, o las bebidas de cierto tamaño, o ….   Cada vez estaremos más sujetos a limitaciones y permisos.   Cada vez perdemos más libertad como individuos libres que pacífica y voluntariamente podemos tomar nuestras propias decisiones.

Con buenas intenciones, quienes abogan por la prohibición, no se dan cuenta que otros piensan diferentes que ellos, y que la decisión final debe ser del consumidor.  Pero no, ellos prefieren la fuerza bruta del gobierno, obligándoles a dejar de consumir las bolsas que quieren consumir.  Y a los productores, distribuidores y todos los que trabajan en el sector y perderán sus empleos se les obliga, con dinero de sus propios impuestos, a dejar esa producción, a dejar de tener los ingresos que sustentan la vida de ellos y de sus familias.  Sólo porque un grupo de personas decidió que es mejor la coerción que la persuasión.  Respeto a quienes libro y voluntariamente deciden no usar las bolsas plásticas.  Incluso a quienes hacen campaña para que otros no la usen, que reduzcan su consumo, que reúsen lo que tienen y que reciclen cuando es conveniente.  Pero no respeto a quienes te ponen una pistola en la cabeza para prohibírtelo y menos si es del gobierno.

Si un diputado prohíbe una actividad que está legítimamente funcionando en el país, ¿está dispuesto a correr con el costo de quienes tendrán que cerrar alguna fábrica, o cubrir la maquinaria que se importó para ello, o liquidar a la gente que perderá su trabajo.? Lamentablemente eso no pasa en Guatemala porque no hay simetría fiscal.  Un diputado puede aprobar una ley que afecte a otros y no sentirse responsable del daño causado.  Sólo ven parcialmente un beneficio que no se dará.

Estoy preocupado por la pérdida de libertad para el país que leyes como ésta implican.   Estoy preocupado porque en vez de facilitar la producción y el crecimiento económico, estas leyes lo frenan.   Estoy preocupado porque hay mucha basura en el interior del país y no hay un buen manejo de desechos sólidos (la ley de desechos sólidos que se ha propuesto se ha estancado porque no es popular, implica más gastos para los alcaldes).   Y estoy preocupado porque esta ley nos desanima a seguir invirtiendo en el país.

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