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Sissi Emperatriz de Austria y Reina de Hungría

Tres golpes secos a la puerta de la Cripta de los Capuchinos de la Iglesia Santa María de los Ángeles en Viena:

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– ¿Quién eres? pregunta un hermano capuchino.

– Soy Isabel, Emperatriz de Austria y Reina de Hungría.

– No te conozco, replica el hermano capuchino.

El Maestro de Ceremonias golpea una segunda vez:

– ¿Quién eres?

– Soy Isabel, Emperatriz de Austria

– No te conozco

Golpes una tercera vez.

– ¿Quién eres?

– Soy Isabel, pobre pecadora

– Puedes entrar

Isabel Amalia Eugenia, Duquesa de Baviera, nació en Munich el día de Navidad de 1837 y fue asesinada en Ginebra el 10 de septiembre de 1898. Elisabeth en alemán, su idioma natal, y Erzsébet en húngaro, idioma del país que ella adoptó como suyo. Su historia muy edulcorada la hemos visto innumerables veces en las películas Sissi. Era prima de Luis II de Baviera.

La que sería llamada a ser uno de los personajes más carismáticos del siglo XIX fue criada sobre bruces de caballos, entre hermosos paisajes de los Alpes Bávaros y correteando como marimacha.

Su tía por parte de su madre era la archiduquesa Sofía de Baviera y madre de Francisco José I, emperador de Austria. Por lo tanto, era prima hermana del emperador, quien quedó enamorado a primera vista de su hermosa prima de tan sólo 16 primaveras.

De su matrimonio nacieron Sofía Federica de Habsburgo-Lorena que murió a los 2 años de tifus (lo que fue su primera tragedia personal), Gisela de Habsburgo–Lorena, el único varón y pretendiente al trono, Rodolfo de Habsburgo-Lorena y María Valeria de Habsburgo-Lorena.

Sissi tenía una gran belleza física. Una hermosa y larga cabellera de dos metros de largo que requería una hora para ser peinada. Fue una rebelde sin causa y muy adelantada para su época. Fue abanderada de la esbeltez femenina, de las dietas, de los ejercicios de gimnasia para mantener un cuerpo sano y una cintura de avispa. Al final de su vida conservaba 50 cm de cintura a pesar de 4 embarazos. En sus aposentos personales, todos monacales, tenía equipos de gimnasia para mantenerse en forma. Adoraba a los animales, hablaba a la perfección alemán, inglés, francés, húngaro y griego que aprendió especialmente para leer a los clásicos en su idioma original. Gustaba de la música gitana y de los espectáculos de circo.

Cuando se realizó la coronación de Francisco José y de Elisabeth como reyes de Hungría en la Catedral San Matías en las alturas de Pest, ciudad que configura Budapest junto con Buda, ya Sissi sentía un gran amor por este país. Hay que decir que la alegría de vivir (joie de vivre para los franceses) de los húngaros, su gastronomía, sus canciones, su melódico aunque difícil idioma habían subyugado a esta indómita mujer. Quien la llevó de la mano para amar este idioma y este país y cultura fue su profesor de húngaro Miksa Falk y después el noble conde Giula Andrássy quien se comentó injustamente fue su amante y padre de su última hija, María Valeria, a quien la propia Sissi llamada “mi hija húngara”.

Una vez pasada su primera juventud prohibió ser fotografiada y al final de su vida se mostraba en público sólo con un velo para que no se viera el comienzo de la vejez sobre su rostro. También su descuidada dentadura hacía que no riera abiertamente.

Estuvo prácticamente todo el tiempo de su reinado fuera de Viena porque no podía acostumbrarse a los rigores del protocolo cortesano de los Habsburgo. Incluso la prensa vienesa publicaba: -Nuestra Emperatriz en estos días nos honra con su presencia en Viena.

El año 1889 trajo consigo una segunda tragedia que sacudió la vida de la Emperatriz Elisabeth. La muerte de Rodolfo en el famoso “Caso Mayerling”. Aún los historiadores no han terminado de ponerse de acuerdo sobre las reales circunstancias de la muerte de Rodolfo y su amante María Vetsera: ¿suicidio como se informó? ¿asesinato político? Y en este caso, ¿por quién? ¿Quién quería la muerte del heredero de la corona? ¿A quién beneficiaba?

A partir de la muerte de su amado Rodolfo Sissi nunca más fue la misma. El resto de su vida vistió de estricto luto y no se dejaba ver en público. Viajó mucho por todo el Mediterráneo y se construyó un hermoso palacio en la isla griega de Corfú al que llamó Achilleion, en honor a su héroe griego preferido: Aquiles.

Fue ella misma la que resolvió sus deberes de esposa buscándole una amante al Emperador, Katharina Scratt, para desculpabilizarse de estar ausente y desculpabilizar al propio Emperador. Incluso le daba consejos de dieta a Katharina para adelgazar porque era algo regordeta. Solución muy moderna para una mujer del siglo XIX.

A pesar de esa solución Francisco José y Sissi se adoraban, de un inmenso y tierno amor y hasta el final de su vida, se escribían constantemente y firmaban con amorosos epítetos.

En septiembre de 1898 la Emperatriz Elisabeth, acompañada por su dama de compañía, la condesa húngara Irma Szataray, fue atacada en Ginebra por un anarquista italiano quien realmente pretendía eliminar al Duque de Orléans, Conde de París y pretendiente al trono de Francia.

Se había anunciado a toda la aristocracia reunida en Ginebra estar vigilante. Sissi no entendía de esas cosas. Ese día quiso dar un paseo por el malecón delante del hotel Beau Rivage, donde se alojaba junto a su dama de compañía.

Fue a comprar rollos de música, el dueño del establecimiento la reconoció y fue muy amable con él. Después quiso tomar helado, como si supiera que era su último día no prestó atención a la línea. Debía tomar un barco de vapor para ir al otro lado del Lago Lemán, a Francia, donde visitaría a sus amigos los Barones de Rothschild con quienes había invertido dinero en vías férreas. Gracias a estas inversiones en acciones Sissi era una mujer inmensamente rica. El propio Emperador quedó sorprendido de la envergadura de su fortuna después del asesinato.

Solas, sin los policías que le había brindado el Cantón de Ginebra y a los que había despedido, Sissi e Irma están retrasadas para tomar el barco de vapor que les atravesaría el lago hasta Francia. Ya en el muelle se acerca el anarquista, le encaja en el vientre un estilete, ella no se da cuenta de nada, cae. Creyó que era un ladrón que le quería robar su reloj. Los presentes incluso gritaron para atajar al ladrón. Su abundante cabello amortigua la caída y muy pálida sigue camino al barco.

Ya a bordo sufre un desmayo, Irma retira el corsé y bajo el seno izquierdo un pequeño punto de sangre. El barco ya había partido: -¿Quién es la pasajera? pregunta el capitán. -Su Alteza Imperial y Real, grita Irma, hay que regresar de inmediato a la orilla. Una hora más tarde, Elisabeth falleció en su habitación del hotel Beau Rivage.

El cortejo fúnebre salió del elegante hotel Beau Rivage hasta la estación de trenes Ginebra-Cornavin rumbo a Viena. Después viaje a Budapest para funerales en la segunda capital del imperio y, por último, entierro en la Cripta de los Capuchinos en Viena al lado de su hijo Rodolfo. Francisco

José la seguiría 18 años más tarde Coronada como Emperatriz de Austria.

TEXTO PARA COLUMNISTA

 

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