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¿Nutrido o Indigestado?

#Emunah

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¿Alguna vez has te han dicho: “Mejor trágate tus palabras”? ¿Qué pasaría si pudieras hacerlo? ¿Te nutrirían o te provocarían una terrible indigestión? El libro de Proverbios que exalta la sabiduría práctica ilustra que la muerte y la vida están en poder de la lengua, y los que hablan mucho comerán de su fruto.

Las palabras son los medios de comunicación más poderosos que el ser humano tiene para manifestar lo que siente y piensa. Pueden promover la paz o ser letales, todo depende de la forma que se usen. Con ellas podemos educar o corromper, bendecir o maldecir, construir o destruir, dar vida o quitarla.

La verdad es que es imposible desvanecer palabras pronunciadas. Una vez dichas, han sido escuchadas. Por eso, en lo personal, en pareja, en familia, con los amigos, es importante cuidar lo que se expresa, porque podemos destruir.

La Biblia nos enseña que nuestras palabras tienen poder y se convierten en realidad. Por eso Dios nos anima a hablar cortésmente y a meditar nuestras palabras, conversando con la verdad, respetablemente, siendo puros, justos y amables, para ser dignos de admiración y elogio.

Todos los días tenemos que usar las palabras para comunicarnos; así que usémoslas con sensatez porque ellas pueden afectar la vida y futuro nuestro o de alguien más. Recordemos la frase que dice: La palabra es plata, pero el silencio es oro, y es que, en ocasiones, es mejor guardar silencio que decir algo impulsivamente, aún sean comentarios irrelevantes, pues el silencio evitará situaciones incómodas y desagradables, así como coartará malentendidos y rupturas.

Proverbios 18, expone que los labios del necio son causa de contienda; y aunque sus palabras son como bocados suaves que penetran hasta las entrañas, al final son su propia ruina, ellas tienen el poder de dar vida a través del aliento y la honestidad o aniquilar a través de las mentiras y especulaciones.

Matrimonios se han divorciado, amistades han sucumbido, familias han sido destruidas y países se han enfrentado por palabras expresadas con ira, amargura, resentimiento y odio. Pero, asimismo, las palabras pueden construir, bendecir y dar vida, reconciliar relaciones rotas, unir pueblos y lograr la paz.

El libro de Proverbios indica que la blanda respuesta aplaca la ira, y que la lengua de los sabios adornará la sabiduría. Y el que refrena su lengua protege su vida, pero el ligero de labios provoca su ruina, porque las palabras son como golpes de espada; más la lengua de los sabios es medicina.

A Dios le agradan las palabras dichas con amor, pero reconoce que el ser humano no es perfecto y se le dificulta controlar su vocabulario. Santiago 3, comenta que, así como las naves, a pesar de ser tan grandes y de ser impulsados por fuertes vientos, se gobiernan por un pequeño timón a voluntad del piloto. Así también, la lengua es un miembro muy pequeño que se jacta de grandes cosas, capaz de contaminar todo el cuerpo y, encendida por el infierno puede echar a perder toda nuestra vida.

¿Qué saldrá de tu boca hoy? ¿Vida o muerte? ¿Golpes de espada o medicina? Todo depende de lo que estamos consumiendo, amor y odio, ya que eso afecta nuestra mente, corazón y relaciones interpersonales. La palabra de Dios advierte que el mal léxico, corrompe las buenas costumbres, porque lo que sale de la boca, del corazón sale; y esto contamina al hombre.

¿Con qué estás llenando tu corazón? Debemos cuidarlo diligentemente, porque todo lo que hacemos fluye de él. Jesús puede transformar nuestros corazones para que nuestras palabras sean realmente lo mejor: honestas, tranquilas, apropiadas y adecuadas para la situación.

Nelson Mandela, expresó “No es mi costumbre usar las palabras a la ligera. Si 27 años en prisión nos hicieron algo, fue a usar el silencio de la soledad para hacernos entender qué tan valiosas son las palabras y cómo los discursos impactan la forma en que las personas viven y mueren.”

¡Las PALABRAS! Vaya que si son poderosas. El golpe de un martillo puede hacernos sangrar, o aún romper nuestros huesos, pero las palabras pueden hacer daño por años. Una vez pronunciadas, no puedes borrarlas. Muchos dicen “las palabras se las lleva el viento,” ¡qué bueno que así fuera! Las palabras llevan intención pueden enamorar, calmar, consolar y edificar; pero asimismo pueden herir, afligir, enemistar y aniquilar.

En vez de hablar por impulso ¿por qué no detenernos y reflexionar? Pensemos en las consecuencias a corto y largo plazo.  Antes de hablar con ira pensemos, y luego recapacitemos de nuevo, y eliminemos algunas de esas palabras innecesarias que con frecuencia nos provocan problemas.

Personalmente te aconsejo que aprendamos a hablar con mesura y a tener una comunicación efectiva, que te permita crear lazos de amor con quienes te rodean. Busquemos la sabiduría de Dios para que Él nos guíe y hagamos de nuestra boca una fuente de vida, amor y bendición para poder siempre nutrir, y no crear una indigestión.

TEXTO PARA COLUMNISTA
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