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Las limitaciones del experimento CICIG.

#DiviFilius

Cuando se trata de ´mantener´ las formas, en toda relación bilateral y de cooperación, siempre se llega a un punto de desesperación. El país con menores asimetrías en la relación bilateral o los donantes que sustentan la cooperación pueden percibir que las reformas, las acciones y el comportamiento de la contraparte no es lo convenido.  Y no hay, la verdad, mucho que hacer.  Dado que, si el proceso de cooperación se tensa, enfría o se llegan a condicionar los fondos pues no se necesita ser un genio para saber lo que sucederá: El país más interesado en generar los cambios se verá, en efecto, afectado.

Un ejemplo. En la relación bilateral México-EE. UU., durante el último año del mandato del expresidente Obama se recortó 15% de la ayuda canalizada por vía del Plan Mérida hacia México.  Los estadounidenses en efecto querían con esto enviar un mensaje muy claro de descontento hacia la administración de Enrique Peña cual, diciendo, ´no has cumplido con lo convenido´. El punto es que los ´gabachos´ se dispararon en el pie porque el sexenio de Peña Nieto concluye con los mayores indicadores de violencia desde que inició la estrategia anti-narcóticos.  Situación frustrante sin duda.

Mismo caso, aunque seguramente mayor nivel de hartazgo la que tiene que ver con los países cooperantes al proyecto de CICIG y Naciones Unidas frente al comportamiento de la actual administración Morales.  Cuando el mandato fue diseñado, propuesto y solicitado se tuvo que haber dado por sentado que el compromiso del Estado guatemalteco se mantendría intacto indistintamente del color partidista de la administración de turno.

Lo anterior, dado que este tan particular diseño requiere de la buena voluntad del Estado receptor.  Grave error pues la Comisión acompaña investigaciones, pero no es el ente investigador, tampoco aporta sus propios jueces, cuerpo de policía o directores de presidios.  La Comisión trabaja en cooperación con el Estado de Guatemala suponiendo – lo cual es quizá el problema-  que existe la plena y buena voluntad del Estado guatemalteco para apoyar los procesos.  Lo que el modelo no supone es que se pueda ser tan cara dura y tener que trabajar con una administración política que no coopera ni colabora.  Qué si los policías asignados a CICIG, pues los quitamos, les ponemos polígrafo, los amedrentamos así a ver quien más quiere colaborar – y si es posible les preguntamos sobre futuros casos- .  Se le quitan otros 20 policías asignados para luego refundirlos en un lugar tan miserable que se requirió la visita del PDH.  La justificación:  ´ Hay prioridades en la institución que impiden que los efectivos estén perdiendo el tiempo en CICIG´.  Bueno, pues bajo esa lógica se podrían remover los efectivos de PNC asignados a embajadas y otras personalidades, incluyendo familiares de funcionarios.  ¿Qué si la CICIG o la FECI solicita información a las instituciones?  Esperen sentados.  ¿El silencio del Comisionado?  Cualquier cosa que diga es directamente reportada a Naciones Unidas por la actual Cancillería cual acto de intromisión. Lo anterior hace que el Comisionado Velázquez opte por el silencio, dado que en última instancia también se argumenta – ridículamente- que su figura polariza.  En teoría la visa de trabajo del Comisionado debería renovarse sin problema alguno, pero, se puede apostar que no será así.  Y mientras todo esto sucede, a la PNC la están haciendo añicos regalando ascensos y destruyendo todo incentivo para colaborar con la lucha anti-impunidad.  A eso sumado el interés de hacer ingresar ex militares a la institución.

Sin duda, para países como Guatemala la ´buena fe´ no se puede asumir.

El modelo debería haber sido planteado más invasivo.

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