El Siglo

Ser libre

#Catarsis

Durante muchos años pensé que el fin último de una sociedad era vivir en libertad, y lo sigo pensado, sin embargo, cada vez me surgen más dudas al respecto. No, no significa que estoy cambiando el individualismo por el colectivismo o que deseo vivir en una tiranía, pero sí me cuestiono el uso que le estamos dando a esa libertad.

A excepción de países con regímenes totalitarios o en aquellos en los cuales aún no hay un estado laico, en la gran mayoría de los países de occidente cada día tenemos más libertad. Difícilmente ha existido una generación con más libertad que la nuestra.

Hablemos de Guatemala que aún con todos nuestros problemas y defectos, somos una sociedad libre. Claro que hay comunidades en las que aún se les obliga a las niñas a casarse con hombres mayores, hay homofobia, machismo, clasismo, racismo, etc., pero esos son prejuicios, no falta de libertad ya que ninguna ley o autoridad nos prohíbe hacer lo que queramos y ser quienes queramos. Y, sin embargo, en vez de sentirnos satisfechos de vivir en una sociedad libre, cada día escuchamos a más personas desear lo contrario.

¿Por qué nos llenamos la boca defendiendo la libertad de expresión y al mismo tiempo pedimos que se censure a quien no piensa como nosotros? ¿Por qué aún existen medios de comunicación que se niegan a ser objetivos y nos quieren presentar sólo la versión de los hechos que más le conviene a su ideología o agenda? Lo que es peor, ¿por qué aún oponemos resistencia a escuchar y respetar a quien piensa distinto a nosotros, y daríamos cualquier cosa porque esta persona no pudiese expresarse libremente? ¿Por qué queremos obligar a que los demás piensen y sean como nosotros?

La libertad definitivamente no es para cualquiera, muchos de los que se autodenominan “amantes de la libertad” son las personas más intolerantes que conozco, ya que estos ven como ideal a una sociedad en la que todos piensen como ellos.

La libertad tiene un precio muy alto a pagar, el precio de la responsabilidad. Como bien decía Mises, la libertad también conlleva la libertad de cometer errores. Y no hay nada más duro que tener que aceptar nuestros errores, es simplemente más fácil culpar a alguien por ellos. La libertad no es algo extenso, es muy limitado, ya que mi libertad termina en dónde comienza la de la otra persona.

Veo con preocupación cómo quienes más lucharon por obtener las libertades civiles, ahora buscan imponer sus puntos de vista sobre los demás. Se están convirtiendo con unos tiranos, no les ha sido suficiente el gozar de estas libertades, ahora desean imponer sus puntos de vista a los demás y limitando la libertad de estos a pensar de forma distinta, a disentir. ¿Qué les pasó? ¿No pueden con la libertad? ¿Les quedó muy grande? ¿A qué le temen?

Y con esto regreso al tema de la autocensura que abordé en otra oportunidad, tanto que nos ha costado llegar a ser libres, para que ahora tengamos miedo a decir lo que verdaderamente pensamos y sentimos, solo para evitar la confrontación y la censura de estos intolerantes, que pasaron de ser víctimas para convertirse en verdugos. Lo peor es que muchos de estos verdugos no son más de marionetas de individuos que los dominan, son personas que siguen como corderos a lobos disfrazados con piel de oveja, porque a fin de cuentas es más fácil decir que soy libre a en realidad serlo.

Sigo y seguiré pensando que la libertad es el fin último de una sociedad, pero me temo que cada día nos alejamos más de ella.

«Ser libre no es sólo deshacerse de las cadenas de uno, sino vivir de una forma que respete y mejore la libertad de los demás» —Nelson Mandela.

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