El Siglo

Analizando la victoria de AMLO más allá del debate izquierda – derecha

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El escenario político internacional está tomando un nuevo rumbo, los grandes retos globales, las demandas ciudadanas no satisfechas, la desigualdad social, la corrupción y la migración han hecho que el escenario político europeo transite de gobiernos de izquierda a mediados de los noventa , a gobiernos de convergencia entre izquierda y derecha a inicios del siglo XXI y finalmente, tal como sucede en la actualidad, que las opciones de extrema derecha, nacionalistas, populistas e inclusive figuras outsiders lleguen al poder.

Actualmente, de los 28 Estados miembros de la UE, únicamente existen siete gobiernos catalogados como de izquierda. América Latina no es inmune a esta situación, países como Chile, Estados Unidos, Argentina, Brasil, Perú también tienen gobiernos denominados de derecha. Los resultados de la segunda vuelta de elecciones en Colombia definieron como ganador a Iván Duque, candidato de derecha, como el nuevo presidente de Colombia.

Sin embargo, existen casos aislados como la victoria de Antonio Manuel López Obrador, en México, candidato que se ha definido ampliamente como alguien de izquierda. La victoria de López Obrador, más conocido como AMLO, supone una transformación drástica a la configuración del escenario político de México, que se refleja con datos duros, como por ejemplo que, en 22 de los 32 estados del país, los electores votaron por una fuerza política diferente a lo “tradicional”.

La victoria de AMLO es un reflejo del descontento social por la política tradicional y los altos índices de corrupción. Por ello, más que hablar de una nueva oleada de izquierda en la región, esta victoria responde a la lógica de movimientos antisistema iniciados a mediados de esta década y se ve reflejada en Europa y nuestra región. La población rechaza a los gobiernos salientes y a los políticos tradicionales, esto hace que se abran espacios de oportunidad para figuras outsiders.

Un ejemplo claro de esta tendencia fue la elección de Jimmy Morales como presidente en las elecciones pasadas; la literatura política y experiencia ha demostrado que la solución de las crisis sociales se pospone con figuras outsiders, y que sus gobiernos tienden a caracterizarse por el radicalismo y la conflictividad social.

Las elecciones en Guatemala están a la vuelta de la esquina y a la fecha no existe un liderazgo político sólido que logre encauzar todo el descontento social existente y convertirlo en propuestas de cambio, actualmente, nos encontramos en una sociedad polarizada y volátil. Lo que necesitamos como país es una renovación de la clase política y un fortalecimiento institucional que permita el desarrollo pleno de la democracia.

La política moderna debe deshacerse del tradicional paradigma paupérrimo de izquierda o derechas. Y enfocar el debate en las ideas o cambios estructurales que necesitamos como país para lograr un desarrollo económico pleno y la consolidación de la democracia.

Sería un error abismal, afirmar que la victoria de AMLO supone un respiro y una nueva era para la izquierda en América Latina, o bien, brindar por la victoria de la derecha en las elecciones en la región latinoamericana y europea. El debate y análisis debe ir orientado a que la victoria de AMLO en México es un reflejo de lo que acontece a nivel internacional, la ciudadanía está cansada de la clase política actual y el sistema de partidos políticos ha sido incapaz de renovar la clase política.

Por ello, habrá que pensar en la necesidad de hacer cambios profundos a la Ley Electoral y de Partidos Políticos, que realmente genere las condiciones para que exista un cambio drástico en las reglas de juego de nuestro sistema político con el objeto de renovar completamente la clase política en nuestro país. Sin embargo, de momento no nos queda de otra que prestar especial atención a la oferta política en estas próximas elecciones y analizar las propuestas de los candidatos más allá del espectro ideológico de izquierdas o derechas.

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