El Siglo

Quien al cielo escupe, en la cara le cae

#Catarsis

Este conocido refrán recrimina la excesiva arrogancia, al tiempo que advierte que es frecuente que se reciba su merecido. [1]  Es los últimos días no pude dejar de pensar en la sabiduría del mismo. Guatemala es un país en el que muchos se manejan por la doble moral y la visita del vicepresidente estadounidense Mike Pence ha desatado una ola de dramatismo que supera a cualquier guion cinematográfico. Los que hasta hace poco celebraban el 4 de julio como fiesta patria y llamaban al exembajador Todd Robinson, —«Mi presidente Todd»—, hoy manifiestan su rechazo y ofensa contra el vicepresidente estadounidense, —«No queremos intromisión extranjera y ¡Pence no es bienvenido!»—. ¡No sean hipócritas!

Por otro lado, están los que se rasgaban las vestiduras contra la intromisión extranjera de Todd Robinson y ahora celebran la llegada del vicepresidente Pence. A ver si nos ponemos de acuerdo y definimos, ¿cuándo es permisible la intromisión extranjera y cuando no?, porque al parecer y por lo que están dejando claro, se rige por lo que le conviene al interlocutor. Y así no funcionan las cosas, en la vida hay que tener al menos un mínimo de congruencia y de principios, y si se está en contra de la intromisión extranjera esto debe ser así siempre, y no aplicar la regla de: —«se acepta o rechaza sólo cuando y siempre cuando, le convenga a mi agenda e intereses»—.

Vivimos en un mundo globalizado y debemos crear una visión de país que lo contemple, como, por ejemplo, atraer la inversión extranjera, capacitar nuestro capital humano, propiciar un clima favorable de negocios, incentivar las exportaciones, etc., pero eso no nos exime de nuestra responsabilidad y debemos de aceptar que nuestros triunfos y fracasos nos los hemos buscado nosotros mismos y sólo nosotros podremos salir de este acantilado en el que hemos caído. Depender de otras naciones para que vengan a rescatarnos es la cosa más errada que podemos hacer, y lo es, porque en esta vida nada es gratis y los favores luego los vienen a cobrar y nos salen muy caros.

Se enfurecen con la llegada de Pence, pero interponen amparos y manifiestan a favor del embajador Kompass aduciendo que Suecia es una nación que ayuda mucho a Guatemala. Sí, ayuda, pero no más que los Estados Unidos, así que, si es por ayuda, Pence tiene mucho más derecho a estar acá que Kompass y se merece ser bien recibido. Y si nos enojamos por la intromisión, pues de igual manera, debemos rechazar el actuar de Kompass y la visita de Pence, a eso se le llama ser congruente.

¿Dramatismo? Mucho, decir que los Estados Unidos está “torturando” niños o que el presidente Trump es “neonazi” raya en lo absurdo, puesto que no hay fundamento para tales acusaciones, por lo que fueron empleadas únicamente para crear un dramatismo ficticio. A las cosas hay que llamarlas por su nombre, no andar inventando cosas que no son. Sí, los niños son separados de sus padres y eso es terrible, sin embargo, eso no lo inició el presidente Trump y si mal no recuerdo no se le acusó de lo mismo a la administración del presidente Obama y acá se le recibió muy bien al vicepresidente Joe Biden, al cual nadie acusó de “torturar”, perdón de separar a los menores de sus padres. Nos guste o no nos guste la administración Trump, el inmiscuirnos también califica como intromisión extranjera, sobre todo porque nos estamos dejando llevar por el drama interno que viven los estadounidenses. Ellos tienen tanto derecho como nosotros de decidir libremente quienes son sus mandatarios y eso, no es asunto nuestro, sobre todo porque nuevamente se evidencia una falta de congruencia. Si no me gusta la intromisión extranjera, no es correcto que me ponga a hacer berrinches en contra del mandatario de otra nación.

Así que dejemos de estar defendiendo causas en las cuales no creemos tan solo por conveniencia, ya que el que escupe al cielo, en la cara le cae. Nada, absolutamente nada es permanente, un día estamos arriba y al siguiente estamos abajo, debemos actuar por principios, no por intereses, y sobre todo recordemos que la soberanía y la independencia no son negociables.

[1] Instituto Cervantes

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