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El llanto de la niña

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#Antropos

Desgarrador es el llanto de unas niñas que claman por sus padres  en un sitio migratorio de los Estados Unidos. Laura Bush, ex primera dama ha declarado que esto son actos “crueles e inmorales”, frente a 2,300 menores de edad abandonados.

Este llanto no sólo acongoja el alma humana, sino que desnuda la cruda realidad social y económica de nuestros países centroamericanos. Es un llanto de dolor, de abandono, de tristeza. Es un llanto que desgarra aún a los menos sensitivos, porque es una niña, lo más sagrado de la vida humana. Esta niña representa el corazón de la humanidad clamando un poquito de amor y de justicia. Es el llanto que nos tiene que mover como seres humanos para trabajar por mejores condiciones de la niñez guatemalteca,  porque es nuestro propio futuro.  Es la expresión dramática que penetra en esta casa que se llama Guatemala.

Alarmantes son las cifras que los medios de comunicación han divulgado en torno a los niños y niñas migrantes. Biden,  expresidente  de los Estados Unidos, señaló hace unos años en torno al problema migratorio,  que estamos ante   “una crisis humanitaria”.

Ciertamente estos  niños y niñas van hacia los Estados Unidos a reunirse con sus padres que  han cruzado la frontera  a pesar de los sufrimientos del tránsito terrestre de un lugar a otro, porque huyen de  las dramáticas condiciones de vida en sus respectivos países. Efectivamente existe una infame situación migratoria que revelan los medios de comunicación, así como  organizaciones que velan por el respeto a los derechos humanos fundamentales y en particular el respeto que se debe tener en torno al drama de los migrantes, revelando este fenómeno humano, como una tragedia social.

Entendemos   que el remedio no está  en la migración hacia otros territorios, aunque habrá que reconocer que esa ha sido la forma de cómo el mundo entero se ha poblado. Unas naciones han crecido en poblamiento y otras han decrecido. El problema no es migrar, sino la forma  cómo esto se hace. Porque el camino es duro, seco y  peligroso. Lleno de lobos y de hienas que se comen la carne de los desposeídos que buscan la tierra prometida.

Se evidencia además, las formas de cómo tratan a los migrantes cuando logran instalarse en un trabajo y las condiciones en las que les toca dormir para ahorrar dinero y enviarlo a sus familiares al país respectivo. La gran contradicción de este fenómeno es el hecho que los millones de dólares que ingresan  vía remesas, están bañados de sudor, de sufrimiento, de angustias y de miedos.

Frente a una realidad como la descrita, en donde la emigración masiva de menores han colocado en el escenario público de nuevo el problema de la deshumanización del fenómeno de los migrantes, el Estado guatemalteco debería asumir con mayor seriedad esta problemática para mitigar al menos, la tristeza de aquellos que se van y abandonan su pueblo por falta de trabajo, de tierras que cultivar o artesanías para vender. Se deben de orientar  vías para el desarrollo rural y urbano, en donde nuestros jóvenes encuentren una fuente de ingresos y los niños puedan ir a la escuela, tener acceso a la alimentación y la salud. Superar por ejemplo la pobreza que alcanza el 54%, la desnutrición infantil  del 49% lo cual imposibilita su desarrollo físico, mental y espiritual. Mejorar las condiciones de los 4,152.411 de jóvenes entre los 15 y 29 años.

Asimismo,  la puesta en práctica de los derechos del 51% de la población que son mujeres que viven en diferentes condiciones, atendiendo derechos al trabajo, a la salud, al estudio y a la recreación. Y en cuanto al Adulto mayor, de los cuales viven alrededor de 800,000 personas mayores de 65 años, a quienes el Estado y la sociedad debe proveer las mejores condiciones para una vida con dignidad y calidad.

Es el momento en el cual el derecho a un trabajo digno, se debe convertir en la práctica de políticas del Estado guatemalteco y en particular, de los empresarios, dado que este fenómeno humano sin precedentes para nuestro país, traerá más problemas, tales como una mayor concentración en las áreas urbanas, hacinamiento y  desesperación lo cual generará una mayor conflictividad social.

Obviamente el fenómeno de las migraciones no es nuevo, sino es propio de la esencia del ser humano. Es emigrar a otros lugares y construir sus proyectos de vida familiar. El problema ahora, es que el mundo pasa por un momento complejo y las naciones se están reordenando para subsistir de una mejor manera y este es el caso de USA. Pero al Estado de Guatemala le corresponde su propia responsabilidad de atender los derechos de sus ciudadanos a una vida con bienestar.

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