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Cuando se ha perdido todo

#Emunah

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Siempre creí que una de las tragedias más terribles en toda historia del ser humano era la de Job. Sin embargo, con la reciente tragedia de la erupción del volcán de Fuego pude darme cuenta que esa intensidad de sufrimiento puede hacerse latente aún en nuestros días; ya que lamentablemente muchos damnificados también lo terminaron perdiendo todo.

Job era un hombre próspero e influyente que ayudaba a los necesitados, y gozaba de una familia hermosa y una vida dichosa. Era íntegro, temeroso de Dios, apartado del mal; pero de manera repentina la calamidad destrozó su confortable estilo de vida, destruyendo su familia y todo lo que por años había construido.

El sufrimiento de Job, se intensificó más en la enfermedad; su cuerpo entero fue cubierto de llagas. El dolor era tan insoportable que ansió nunca haber nacido. Sus convicciones y valores fueron puestos a prueba, pero en vez de reclamar a Dios, exclamó Desnudo salí del vientre de mi madre, y desnudo volveré allá. Jehová dio, y Jehová quitó; sea el nombre de Jehová bendito” (Job 1:21)

Aunque erróneamente pensó que Dios había sido el culpable de su pérdida, aún en medio de su dolor inquebrantable, Job siempre alabó a Dios. Como todos los seres humanos en busca de respuestas, Job cuestiono a Dios, pero después de una reflexión profunda y sincera declaró “Reconozco que he hablado de cosas que no alcanzo a comprender…Por tanto, me retracto de lo que he dicho, y me arrepiento en polvo y ceniza(Job 42:3-6).

La esposa de Job también sufrió las mismas desgracias; perdió riqueza, salud y una familia feliz. La muerte de sus 10 hijos junto con la enfermedad terrible de su esposo debió de ser devastador para ella. No obstante, ella en su amargura exclamó: “¿Todavía mantienes firme tu integridad? ¡Maldice a Dios y muérete!. Desafortunadamente algunas personas responden con ira y desaliento ante el dolor; otros, como Job, en medio de un dolor desgarrador, a pesar de sentirse solos y derrotados por haber perdido todo, fortalecen su carácter y se refugian en Dios para recibir las bendiciones venideras.

Evidentemente, Job no es el único que ha sufrido adversidades, por lo que muchos pueden sentirse identificados con él. Pero la terrible experiencia de Job puede ayudarnos a afrontar las desgracias, y a tener empatía y compasión con quienes sufren.  Asimismo nos da una ventaja ante Job, al saber que Dios no es el responsable de haberlo perdido todo.

Una de las preguntas más controvertidas en la teología cristiana y quizás una de las mas difíciles de explicar es el problema del sufrimiento. Sin embargo la Biblia de una forma consciente, profunda y muy realista aborda el tema con empatía, por lo que le dedica un libro completo. Mi intención no es entrar en debate de porque Dios permite el sufrimiento, ni condenar a nadie; sino por el contrario, el de traer un mensaje de esperanza a aquellos corazones enlutados y con sueños rotos que fueron afectados en este trágico evento.

¿Cómo levantarnos a partir de los escombros? Hay que enfocarnos en construir un ladrillo a la vez. Confiar en Dios, buscar ayuda profesional y toda la necesaria para atravesar ese valle de oscuridad porque son heridas profundas o traumas que conllevan a un desgaste emocional y mental. Enfrentar la vida sin amargura ni resentimiento porque eso solo nos dañará e impedirá disfrutar de una vida plena.

Stephen Covey, plantea que el 10% de la vida está relacionado con lo que nos sucede, el restante 90% son el resultado de nuestra reacción. En medio de las tragedias se revela nuestro carácter y descubrimos quienes realmente somos y cómo reaccionamos; y es cuándo tendremos que tomar una decisión si seguimos un ejemplo de fe y de esperanza como el de Job, o nos amargamos y maldecimos como su esposa.

Como guatemaltecos hay que unirnos en amor, romper con las barreras que nos separan y ser parte de la solución. Ayudar en lo que podamos hacerlo, sea mucho o poco pero volverlo en una acción de bienestar común. Ser solidarios, tener empatía con las víctimas, y aunque suene irónico llevar alegría, amor y esperanza en medio de su dolor. Nunca perder la fe, seguir en el proceso con carácter y convicción de que se abrirán nuevas puertas y vendrán nuevas bendiciones.

¿De dónde vendra mi socorro? Mi socorro viene de Jehová, que hizo los cielos y la tierra, nos recuerda la Biblia. Aún en el foso más profundo Dios estará con nosotros. Sin lugar a duda el dolor de todos los damnificados de esa gran tragedia ocurrida en Guatemala es insufrible. Me solidarizo con su dolor y considero que lo mejor que podemos hacer es orar. Pedirle a Dios que no cesé la provisión, la unidad nacional y la empatía. Clamemos al Señor por Guatemala, por los afectados que en estos momentos no encuentran consuelo y emocionalmente están en shock, para que Dios traiga consuelo, paz y resignación en esta situación tan triste y desgarradora; y que el valle de lágrimas que están atravesando sea transformado en manantial de bendiciones.

TEXTO PARA COLUMNISTA
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