El Siglo

Aborto en la tierra del Papa.

#DiviFilius

La legislación argentina que penaliza el aborto (la interrupción voluntaria del embarazo) data de 1921.   Lo que ya dice mucho dado que,  la primera mitad del siglo XX  no se caracterizó en lo más mínimo por guiar las políticas públicas con base a la evidencia médica científica.   En la primera mitad del siglo XX (y algunos años de la segunda mitad), los matrimonios interraciales estaban prohibidos (Estados Unidos cual ejemplo perfecto de esto); la homosexualidad era consideraba una enfermedad hasta que dejó de serlo hace más de 28 años cuando la OMS falló al respecto.  Y, en esta misma línea, el aborto voluntario (para distinguirlo del aborto terapéutico) se incluía cómo uno de esos impensables actos.   En buena medida porque, la mayoría de las Constituciones y códigos jurídicos parten en razón de proteger la vida desde el momento de la concepción.

Lo que se admira de la decisión llevada a cabo en la Argentina es cómo un tema tan polémico se puso en la mesa de discusión pública permitiendo que la democracia representativa funcionara.  Esa discusión, de un tema que impacta el espacio público abordó con bastante madurez por parte de los parlamentarios argentinos.   Lo anterior obligó de alguna forma a desmentir narrativas con respecto al aborto regulado.

Nadie habla de matar bebés.  El criterio para implementar la despenalización del aborto y su posterior regulación,  estipula siempre con claridad cuál es la última semana de gestación en la que el procedimiento puede llevarse a cabo.    Este aspecto es fundamental que sea comprendido por la opinión pública.  La discusión sobre si la vida inicia al momento de la fecundación es  una postura muy cristiana, muy religiosa pero ni la biblia ni la tradición cristiana son manual científico (por suerte). Una cosa es si hay vida al momento de la fecundación y otra es, si esa forma de vida es persona humana.    En efecto, nadie niega que el óvulo fecundado produce un cigoto y eso es una forma de vida celular.  Pero, de ese momento, en el desarrollo del embrión al punto en el cual aparecen las primeras señales de actividad cerebral, cuando los tejidos se desarrollan con claridad, hay una ventana de tiempo en la cual el aborto regulado puede operar.  Las reformas que despenalizaron y desregularon el aborto estipulan como plazo máximo para realizarlo la 12ª semana de gestación: Luego de esto el aborto voluntario no es permitido.   Dicho sea de paso, tampoco es cierto que las clínicas legales de abordo inciten directamente a ello.  Por el contrario, se le brinda a la mujer consejería y todo un proceso de seguimiento previo.  Y este mismo protocolo es implementado dentro del sistema de salud una vez que la reforma se lleva a cabo.

En América Latina, la experiencia sobre la reforma para despenalizar y desregular el aborto se aprecia muy bien en el caso de la CDMX.  La medida consensuó con la comunidad médica y terminó con la incidencia de abortos  clandestinos  que ponían en riesgo la vida de tantas mujeres. Al mismo tiempo, y para reducir la tasa de embarazos no deseados, se implementó un plan de educación sexual en el sistema escolar público.  Aquí algo interesante,  si lo que no queremos es tener que abortar, la educación sexual en las escuelas es fundamental.  Pero si se niega la educación sexual (como sucede en Guatemala) luego es natural la tasa de abortos clandestinos.    La CDMX ya pasó por este debate, y ahora Argentina lo eleva a nivel nacional dándole prioridad a la razón pública y a la razón científica por encima de las razones privadas (fundamentalmente de corte moralista,  religiosas y medievales).

En definitiva, una discusión de este nivel está años luz en este gran pueblón llamado Centroamérica.

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