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Violencia y su antídoto

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La violencia es algo que nos inunda, y todos vemos la urgencia de detenerla. El problema es diagnosticar sus causas… y proponer soluciones, no sólo quejarse. Intentemos afrontar el tema en este breve espacio; aproximarnos algo al tema.

“Sorprende, en primer lugar, el crecimiento de la violencia tanto en amplitud, a lo largo y ancho del país, como en intensidad, pues los actos violentos son cada vez más crueles, inhumanos y despiadados. El deterioro moral es universal: crecen las estadísticas; e intensivo: se apodera cada vez más de nuestro corazón…” Pero no habla de Guatemala; es frase dedicada a México por una de sus autoridades. Esta es quizá la primera aproximación: estamos ante un mal generalizado, mundial; no somos los malos de la película.

Ciertamente necesitamos con apremio una agenda de seguridad, es urgentísimo. La inseguridad ciudadana es una verdadera amenaza. Pero habitualmente existe más seguridad en casa que fuera. Es el dicho popular, que en casa es dónde se está más seguro… que sigue vigente.

Pero en el área de la vida pública poco se han referido a la familia como antídoto contra la violencia; por supuesto que es mucho más, pero es preciso tener conciencia y divulgar la enorme importancia que reviste la familia en este aspecto fundamental para la sociedad.

Sin dudarlo hacen falta políticas públicas con un claro enfoque que favorezca a la familia.  Las razones abundan: las familias dan testimonio de los valores superiores que dan forma a la vida de la sociedad, dan testimonio de la belleza de la creación, de la naturaleza, del desarrollo humano.

Por ello la legislación tiene que contribuir para que cada familia –que lo sea verdaderamente- sea capaz de abrir los brazos para dar y recibir amor, solidaridad, respeto, generosa entrega de todos para edificar el bien común.  No hacerlo, arrastra consigo el caldo de cultivo necesario para que los individuos asuman una cultura de muerte, de destrucción, de violencia y guerra, como lo señaló Francisco recientemente.

Las políticas públicas, para ser eficaces, deben aportar el necesario andamiaje -jurídico, social y económico- para que la familia construya la propia felicidad y, mediante ello, facilitar que todos sus miembros alcancen sus sueños. Las políticas públicas y las acciones de gobierno deben, para ser eficaces, caminar al lado de la humanidad, al lado de las familias.

En el seno de las familias adquieren carta de ciudadanía la verdad, el amor y la belleza. Es evidente que, cuando la autoridad favorece estas políticas, la sociedad es campo fértil para la convivencia en paz y las relaciones vecinales respetuosas y llenas de armonía.

Y un punto incidental a tener en cuenta: una sociedad que no sabe cuidar a las familias es, sin duda, una sociedad que deshace su futuro, porque en la familia se encuentra –entre otras muchas cosas- el mejor antídoto contra la violencia.

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