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De tiranos y autocensura

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Estamos viviendo en una sociedad en la que predominan los tiranos, tiranos que agreden y censuran a cualquiera que no opine como ellos y no cumpla su agenda política. Cualquier individuo que cuestiona o disiente es linchado por las masas, por lo que muchos cansados de estas peleas infructuosas y sin sentido, han decidido autocensurarse.  Y esto último lo veo como algo terrible, como un cáncer para nuestra sociedad, una sociedad es libre cuando los individuos pueden expresar libremente sus opiniones y sin temor a hacerlo.

Antes, el temor era al estado, ese “ser supremo” que no acepta la crítica, aunque no nos engañemos, Nicaragua y Venezuela son un claro ejemplo de que ese Estado que censura aún está latente. Sin embargo, hoy estamos rodeados de tiranos, la tiranía de las masas, y eso me trajo a la mente el libro «El fin y los medios» (1937), de Aldous Huxley. En este libro, Huxley plantea cómo los individuos son capaces de obtener lo que ellos creen que es lo correcto por medios verdaderamente abominables. La censura es deseada para evitar que opiniones disidentes sean escuchadas por otras personas ya que representan un peligro para estos dogmáticos, pero al hacerlo estamos perdiendo la oportunidad de conocer la realidad de las cosas y Huxley a ese respecto nos dice:

«No es menos importante enseñarles a los niños a examinar todas las personificaciones, todas las metáforas, todas las abstracciones que encontrasen en los artículos que leyesen o en los discursos que escuchasen. Deben aprender a traducir todas esas palabras desprovistas de contenido en términos que se refieran a la realidad concreta contemporánea».

Porque sólo así podremos conocer esa realidad concreta contemporánea que nos rodea. La tecnología permite que podamos acceder a todo el conocimiento que queramos y conocer las opiniones de prácticamente cualquier individuo, pero nuestra escala de valores peligra al abrirse a otras ideas. Por lo que la gran mayoría prefiere escuchar solo a aquellos que piensan como ellos o a quienes reafirman sus creencias, esto por lo general lo observamos en las corrientes totalitarias de índole, político, religioso o social, veamos que dice Huxley:

«Para satisfacer sus ansias de significación y de valores, las gentes se inclinan hacia doctrinas como el nacionalismo, el fascismo, o el comunismo revolucionario. Filosófica y científicamente, estas doctrinas son absurdas, pero para las masas de todas las comunidades tienen este gran mérito: atribuirle todo el significado y el valor que le han sido quitados al mundo como un todo». 

Estados Unidos es un claro ejemplo, muchos estadounidenses aún no superan la victoria del presidente Trump. Lo culpan por cualquier cosa y creen que está destruyendo a su país, pero olvidan que hay otro grupo de estadounidenses, igual de numeroso, que opina exactamente lo contrario. Esa censura o autocensura, nos hace perder la percepción de esa realidad concreta contemporánea a la que se refiere Huxley, ¡la realidad!

Y en Guatemala está sucediendo exactamente lo mismo. Estas personas que buscan la censura descubrirán en las urnas nuestra realidad concreta contemporánea y luego nos tocará al resto escuchar los lamentos de quienes no quisieron escuchar las señales a su alrededor. Desconfíen y niéguense a aceptar a cualquiera que pretenda censurar a otro, sea a base de coerción o de insultos, esta persona no busca nuestro bienestar, busca obtener su objetivo y qué mejor forma de lograrlo que en una sociedad que carece de la información necesaria para tomar sus propias decisiones.

Para terminar y como nota curiosa, Huxley conoció nuestro país, y «en su libro de viajes de 1934 Más allá de la Bahía de México, Aldous Huxley comparó el Lago Atitlán de Guatemala con el Lago de Como en Italia. El cuerpo de agua italiano escribió, “toca el límite de lo permisivamente pintoresco”. Atitlán, sin embargo, “es Como con el embellecimiento adicional de varios volcanes inmensos. Es realmente demasiado bueno”».

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