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Volcán de Fuego: una Triste Tragedia

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El pasado domingo 3 de junio, el volcán de Fuego (3,763 metros de altura situado a 35 kms al suroeste de la capital) entro en otra gran erupción.  Nadie se imaginaría que esta vez sería diferente a las anteriores.  Si antes gozábamos con el espectáculo, ahora estamos sufriendo los daños en vidas humanas irrecuperables y destrucción de plantaciones, casas, carreteras, fábricas, un hermoso campo de golf con su hotel, y aldeas completas.

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No se sabe aún a cuánto ascienden los fallecidos debido al lahar que arrasó prácticamente con todo lo que encontró en su camino.  Al menos van 100 fallecidos, 192 desaparecidos, 46 personas heridas, 3,271 evacuadas, 2,625 albergadas y 1.7 millones afectados según el dato más reciente de la Coordinadora para la Reducción de Desastres (CONRED).

He visto imágenes terribles.  Antes me sentía seguro viendo el espectáculo.  Nos confiamos todos.  Ahora creo que hay que temerle a este y otros colosos, aunque estén dormidos.  No es ninguna gracia vivir en la orilla de un volcán pues uno nunca sabe cuándo pueda despertar en forma tan violenta como lo hizo esta vez.

Entre las imágenes que no puedo quitarme de la mente están las de los cuerpos de un adulto y dos niños yaciendo sobre las cenizas y arena del lahar.  Tampoco la foto de otros cadáveres que me recordaron aquella vez que visité Pompeya.  Creo que fue la asfixia la que los mató por los gases, arena, ceniza fina y tremendo calor que les debe haber quemado los pulmones además del cuerpo.  Sólo espero que fuera rápido y no sufrieran mucho.  Y la de las personas heridas con quemaduras que fueron tan profundas que perderán alguna mano o pie y tardarán en volver a tener la piel de su cuerpo recuperada.  No, estas imágenes no las puedo borrar de mi mente.  Y me pregunto ¿por qué no pudieron salvarse?

Recuerdo que el 15 de octubre de 1974, este mismo volcán hizo una erupción impresionante.  Pero esa vez no hubo fallecidos, sino que del cono brotaban grandes columnas de ceniza y arena y luego se vieron unos enormes ríos de lava.  No hubo ningún lahar en ese entonces que yo recuerde, pero la lluvia de ceniza dañó muchos cultivos en la zona sur del país.  Plantaciones de café, algodón, ajonjolí y otras que en esa época se sembraban en casi toda la costa se dañaron por la ceniza que caía y se pegaba en las plantas debido a la humedad del rocío de la noche.  El ruido de las ramas de algodón rompiéndose por el peso de la ceniza era impresionante.  Las pérdidas económicas fueron enormes.  Los poblados cercanos con sus plantaciones y animales domésticos fueron afectados enormemente.  Pero no hubo víctimas humanas en ese entonces.  Y no las ha habido, que yo recuerde, en ninguna de las otras actividades eruptivas de este volcán.

Yo creo que es mala idea tener propiedades o vivir en ciertos lugares en las faldas de un volcán.    Es verdad que son algunos lugares hermosos, que cuando todo está en calma los suelos son muy fértiles, pero también es verdad que en nuestro pobre país mucha gente vive donde puede y encuentra un lugar arriesgando sus vidas.  Igual viven a orilla de un barranco que en la orilla de un río que suele desbordarse o bien en las faldas de los volcanes.  Y lo que no se esperaba que pudiera pasar, ocurrió.

Finalmente, quiero decir que he visto imágenes de felicidad.  Una de ellas se hizo viral cuando nos niños que son hermanos se encontraron luego de la tragedia.  Y que decir la de verdadera solidaridad del guatemalteco.  En estos momentos es cuando uno sabe que la mayor parte de los guatemaltecos son buenos, son personas de bien, solidarios, trabajadores, voluntariosos y de gran corazón.

TEXTO PARA COLUMNISTA
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