Home > Columnas > La sangre de tu hermano clama a mí desde la Tierra

La sangre de tu hermano clama a mí desde la Tierra

///
Comments are Off

Dejar este espacio en blanco por el día de hoy, a manera de “protesta” por el caos y la ingobernabilidad que atraviesa nuestro país, es lo que me apetecía para el desayuno, a manera de “ayuno”.  Las tristísimas imágenes de la humilde familia de Claudia Gómez, la joven migrante a quien también dediqué el artículo del domingo pasado, se suma a lo expresado en este espacio a través de un año de observación al entorno político y social que envuelve a nuestra Guatemala.

¿De qué otra forma expresar el rechazo mayúsculo ante la debacle total en que nos han sumido?

Por la vida de Claudia Gómez, casi todo ha sido dicho; sin embargo, quiero referirme al día 20 de septiembre de 2017 y recordar que, desde entonces, un considerable número de guatemaltecos de diversos sectores de la población acudimos a La Plaza y la llenamos en perfecto orden y respeto, hartos y cansados de esta debacle en que nos ha sumido la incapacidad y la malicia de los nuevos políticos, títeres de la vieja y corrupta política.

Después de ese día, el ataque mediático de aquellos que ven “comunistas por todos lados” –cual la más lamentable esquizofrenia política— fue inminente para descalificar a varios miles (en cinco cifras) que abarrotamos La Plaza y varias cuadras aledañas; fuimos ignorados y burlados en lo que todavía buscamos: hacer valer -sin una bandera grupal más que la decencia- nuestro derecho como único soberano sobre este suelo a decir “¡Basta!” a un sistema colapsado y a todo aquel corrupto que de éste se sirva.

A tan sólo ocho meses, lamentamos la muerte de una guatemalteca migrante que simboliza a los millones que han huido del infortunio que significa nacer en su entorno, sin oportunidades genuinas que les ofrezcan posibilidades concretas distintas, aun con su propio esfuerzo.  Claudia Gómez jamás habría podido prosperar aquí al nivel que ella buscaba en EE.UU.

¿Por qué? La inversión de capitales por cada habitante no es la misma en ambos países; el señor James Morales sólo se ha fotografiado en escuelas (sin luz ni maestros) y hospitales públicos con grandes deficiencias entregando “regalitos” con moña.  Sus acercamientos con el Gobierno de los EE.UU. son exclusivamente oportunistas y aduladores y, por lo demás, ha dividido a nuestra nación con sus discursos plagados de falsedades, porque le fue dado el don de la palabra: la que engaña y arrastra como piedra de tropiezo, motivo por el que otras almas aborrecen las causas divinas. ¡Gran responsabilidad!

Se vistió de falsa cristiandad, de lobo con piel de oveja, pero olvida que: “Dios no puede ser burlado, pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará”.  (Gálatas 6:7).

Nacer hoy aquí, en la miseria, es una condena; sobrevivirla y acaso lograr un ligero bienestar puede considerarse un acto heroico.  Conviene evitar la estrechez mental: el mundo civilizado ha dado sendos ejemplos de cómo evitar muchos males de la existencia.  Tomar ejemplo de lo mejor no nos va a convertir en “comunistas” ni atentará contra la propiedad privada; sencillamente, permitirá que más personas dejen de morir por causas que la ciencia ya ha superado, y que otros mundos que no se resisten a proceso de civilización, también. ¿Ejemplo cercano? Costa Rica.

Aquí, lo expresado en ocasión de la protesta pacífica del miércoles 20 de septiembre de 2017, a la cual hoy sólo podemos agregar motivos: http://s21.gt/2017/09/24/decencia-sin-bandera/

No es cierto que “Dios pone a las autoridades”: la Democracia es un sistema que ideó el hombre en Grecia; antes, el poder provenía de la divinidad, de la cual quienes hoy gobiernan están muy lejos.  El hombre fue dotado de “libre albedrío” y el sacrificio de Jesucristo fue para que éste no viviera bajo el yugo de la servidumbre ni la esclavitud.  Así fue como la humanidad se libró una vez de un tal Adolfo Hitler, a quien –no me digan— Dios pudo querer como gobernante en Alemania.

La ingobernabilidad e injusticia pretenden establecer su reino en Guatemala, e invitar a la vergüenza política y a la debacle social y económica a convivir. “El que tiene oídos, que oiga”.

TEXTO PARA COLUMNISTA
.
.