El Siglo

Ética ecológica

La ética ecológica surge a partir de múltiples preocupaciones en torno a los graves problemas del deterioro ambiental, la cual se define como una ética biocéntrica. Se sobrepone a una ética utilitarista, antropocéntrica, o bien a una ética homocéntrica que se basa en la idea que la protección del medio ambiente es necesaria para el propio bienestar de los humanos a mediano y largo plazo.

Así, la extinción de especies animales, vegetales o minerales constituye un riesgo para la continuidad de la especie humana sobre la tierra y, por tanto, debemos protegerlas porque con ello protegemos los intereses de nuestra especie.

Los principales problemas medioambientales revelan conflictos entre intereses humanos y ése es, el ámbito de nuestras actuaciones. O sea que la ética antropocéntrica considera al ser humano, como la corona del proceso evolutivo y el centro del universo.

La nueva visión ética ecológica o biocéntrica, parte de la consideración que los seres humanos debemos respetar el sentido del futuro de las nuevas generaciones, tomando en cuenta que existen otros seres vivos que tienen derecho a existir o coexistir con nosotros. Por ejemplo, no podríamos ni siquiera respirar el oxígeno que nos proveen las plantas. Significa que estamos ligados a las formas inorgánicas y orgánicas. Somos hijos de la tierra, por ser creados a través de un proceso grandioso que ha formado la vida, y por lo tanto, somos seres en comunidad con el medio ambiente.

La ética biocéntrica se rige entonces, por el principio de que algo es bueno cuando tiende a preservar la integridad, la estabilidad y la belleza de la comunidad biótica, y es malo cuando tiende a destruir, mutilar, o alterar esta comunidad. Formamos parte de un todo, que incluye la vida, tales como plantas, algas, organismos unicelulares y pluricelulares. Significa que una ética centrada en la vida exige que, en el momento de decidir nuestra forma de actuar, se debe tomar en cuenta el impacto de estas acciones sobre todo ser vivo.

En síntesis, esta concepción nos presenta un nuevo paradigma definido como “holismo ecológico” el cual considera moralmente relevantes, el conjunto de la biosfera y los grandes ecosistemas que la componen. O sea, no interesa sólo el individuo, animales  o plantas, sino que es esencial el todo, la integralidad de lo inorgánico, lo orgánico y los niveles más complejos de la conciencia y autoconciencia, es decir, lo viviente, en cuanto contribuye al mantenimiento de la totalidad de maneta integral.

En lo que respecta a Guatemala, es necesario señalar, por ejemplo, la irracionalidad de los seres humanos en la destrucción de la vida, envenenamiento de los ríos y la flora, la existencia de miles de basureros, el dramático paisaje de bolsas de plástico que inundan los bosques, lagos  y carreteras del país, el arrasamiento de los bosques, el crecimiento urbano desordenado y anárquico, la imitación opulenta de ciertos sectores de la sociedad guatemalteca, de  estilos y modos de consumo de los países desarrollados, la contaminación constante del aire, entre otros muchos males.

Todo esto nos obliga a pensar que debemos de educar a nuestros ciudadanos en el sentido de responsabilizarnos con aquellos a quienes debemos rendirles cuentas porque vienen después de nosotros. O como reza un proverbio Mozambique: “La tierra no es nuestra ni la heredamos de nuestros padres, la tenemos prestada de nuestros hijos”.

Todo lo anterior se traduce en la comprensión que la ética ecológica es la que se orienta a cultivar valores de respeto a todos los seres vivientes, lo cual permite una mejor calidad de vida en comunidad y hace posible la existencia de espacios donde prive el principio de la “vida al servicio de la vida”.

.
.