El Siglo

En Guatemala, ¡no hubo genocidio!

Guatemala vivió durante un poco más de treinta años, un conflicto armado interno que se originó cuando un grupo de vándalos delincuentes, pretendieron tomar por la fuerza el control del estado para postergarse en el ejercicio del poder, imponiendo un sistema comunista basado en represión y miseria.

La agresión terrorista planificada, no logró su objetivo, ya que, por fortuna de todos los guatemaltecos, nuestro ejército supo defender de forma valiente la soberanía del país y el estado de derecho, demostrando así, un alto grado de profesionalismo, mística, espíritu de cuerpo y principalmente respeto por la población civil no combatiente, factores que a la postre fueron claves para la obtención de la victoria de forma absoluta.

Y es que los guerrilleros terroristas no eran niños de primera comunión como se les pretende pintar, eran unos sanguinarios combatientes, inmisericordes y cobardes, con capacidad logística y económica para causar mucho daño, pero carentes de disciplina y coraje para doblegar a nuestras fuerzas de seguridad. Es por ello, que luego de férreos combates, entregaron el equipo y como buenos blandengues, empezaron a lloriquear victimizándose de la ofensiva militar. ¿Para que se meten a cosas de hombre si después chillan?

Luego de la derrota de los facciosos en el campo de batalla, llegó el tiempo de firmar la paz y con ello, colgar el fusil para iniciar la construcción del país y sus bases, partiendo del principio de la reconciliación nacional, en el sentido de no judicializar ningún proceso relacionado con el enfrentamiento armado interno y mucho menos pedir resarcimiento económico por ello. Pues, ¿que objeto tiene firmar la paz, para continuar la guerra por otra vía?

Aprovechándose maliciosamente de ello, los expertos en el arte de la manipulación y el engaño, rápidamente iniciaron la mutación de combatientes subversivos a supuestos defensores de derechos humanos y activistas sociales, todo con el único propósito de continuar la guerra por la vía judicial y obtener así el pago de cuantiosos resarcimientos económicos. Para ello, se valieron de piezas convenientemente ubicadas en el sistema de administración de justicia del país, principalmente en el Ministerio Público y la Cámara Penal de la Corte Suprema de Justicia, a efecto que desde allí se llevara a cabo la ofensiva judicial destinada a perseguir a nuestros héroes, bajo la farsa del genocidio, lo que a la vez les permitiría la obtención de grandes sumas de dinero en concepto de resarcimientos, los cuales saldrían del bolsillo de los contribuyentes.

Y digo farsa, pues en Guatemala no hubo genocidio, etnocidio ni intención de aniquilar a ningún grupo étnico o social, pues basta solo con recordar que los cuadros móviles del ejército de esa época estaban compuestos en su mayoría por indígenas de distintas etnias, de donde resulta absurdo que si la intención era exterminarlos, los enrolaran en sus filas y en su caso les proveyeran armas para la defensa de sus comunidades.

Debido a que en Guatemala las cosas están cambiando para bien, es que los vividores del conflicto armado, llevan a toda marcha el proceso judicial por esta farsa, para lograr así, la tan ansiada condena que les permita no solo obtener el resarcimiento por un delito que jamás se cometió y que es inconstitucional, sino que además, iniciar una cacería judicial indiscriminada, en contra de todos los veteranos de guerra que sirvieron durante esa época, así como en contra de cualquier empresario, industrial, finquero, agricultor, ganadero, transportista, etc., que bajo el supuesto de haber colaborado con las tropas militares, con algún insumo por mínimo que fuera, sea procesado, encarcelado y expropiado de sus bienes para cumplir con el pago de los resarcimientos ilegales. Esto, sin perjuicio de que nuestra bella nación y todos sus habitantes seremos tildados de manera injusta e ilegal de genocidas, con las consecuencias jurídicas, comerciales y sociales que ello implica.

Por ello, se hace necesario que todos los guatemaltecos nos manifestemos de forma pública y jurídica en contra de este atropelló que se consuma desde el propio seno del Organismo Judicial, por parte de tres jueces cooptados por la mafia del resarcimiento, de quienes no me cabe la menor duda, que ya tienen emitida, impresa y firmada la sentencia condenatoria, líquida y exigible, que próximamente será ejecutada en perjuicio de los intereses del Estado y por ende de todos los guatemaltecos que contribuimos a diario con el pago de nuestros impuestos, lo cual nos facultaría para iniciar una persecución judicial masiva, en contra de los jueces prevaricadores, así como en contra de todas las entidades y personas que se prestaron al sucio juego de manipular la justicia.  #EnGuatemalaNoHuboGenocidio.

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