El Siglo

Hacer educación es hacer política

En la escuela nos cuentan cómo es el país que idearon en su momento los líderes de la cultura dominante, por lo que se estudian supuestos como: tenemos una nación, todos somos guatemaltecos, la historia empezó en 1492, hay un idioma oficial y hay pobres porque no saben trabajar. Otros dicen que los pueblos indígenas provocan el atraso y la división del país y por lo mismo es recomendable acabar con los idiomas de estos pueblos. También se escuchan afirmaciones que sostienen que  el Estado es democrático y que tenemos una economía que da de comer a todos. Hay quienes opinan que la educación pública debe ser de baja calidad porque es peligroso tener una población con muy buena formación escolar ya que luego exigen sus derechos y pueden provocar transformaciones sociales y políticas.

En la escuela se moldea el perfil ciudadano que se tiene, puede ser un ciudadano que propone soluciones a los problemas políticos o ser ciudadano sin pensamiento crítico para que permanezca y avance la política según los intereses de algunos sectores, con desconocimiento del sistema político imperante, alejado de competencias productivas, acostumbrado a ver la violencia como algo común en el país, acepta la corrupción como parte de la administración pública y del quehacer político, no cuestiona la calidad de los servicios públicos, cree en la otra vida que no es aquí en la tierra y no reclama cuando le arrebatan lo que le queda. En fin, una mayoría de ciudadanos que no siente el dolor de tanta violencia y pobreza, que solo ve pasar acciones que degradan el medio ambiente, la desaparición de especies y el aumento del cambio climático.

En la escuela de todos los niveles, el poder se ha vuelto sagrado porque hace falta el análisis, la crítica y la comparación con otras experiencias para hacerle las observaciones y transformaciones que son necesarias para la justicia, la paz, la democracia y la confraternidad.  El poder es solo para los afortunados porque se aprovechan de estos espacios para su beneficio personal y en muchos casos la crítica al ejercicio del poder hace desaparecer líderes de todos los estratos sociales. Pero estos casos no se estudian en las escuelas. En este contexto, es necesario integrar otras apreciaciones como el valor de la vida, la práctica del afecto entre las personas y los pueblos en vez del terror y las guerras. Hay que cuestionar el ejercicio del poder que generalmente se sostiene con violencia, presión y conflictos.

Por todos es conocido que en la escuela no se estudia el modelo económico imperante, tampoco se analizan sus efectos en la vida de la población guatemalteca, además no se estudian otros modelos económicos que se pueden adoptar para la democracia y el desarrollo humano integral tanto del área rural como de áreas urbanas.

En países con alto porcentaje de población en condiciones de pobreza, a la educación pública generalmente se le asigna presupuesto para que funcione medianamente y un porcentaje muy bajo para la inversión de manera que los líderes políticos prefieren que la población siga en las mismas condiciones para no alterar el orden político y económico imperante.

La educación escolar debe apoyar la vivencia de la paz al estudiar con conciencia los modelos democráticos, la interculturalidad, los derechos humanos individuales y colectivos, la justicia, el estudio crítico de la historia, el uso del diálogo para la búsqueda de soluciones, el reconocimiento de los pueblos originarios, el desarrollo humano, políticas públicas incluyentes y el uso de valores para conservar y mantener la vida.

.
.