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Presidente Morales: Corre y va de nuevo

El reciente traslado de la embajada de Guatemala a Jerusalén no tuvo el resultado esperado por la administración de Morales. Lo que ha logrado es colocar a Guatemala en un contexto que la aísla del sistema internacional: Más de 180 países se pronunciaron en contra. Al acto del traslado de la embajada de EEUU a Jerusalén se habían invitado a 86 delegaciones diplomáticas de las cuales asistieron solamente 33.  La inasistencia de los países europeos importantes fue notoria y por el contrario, estuvieron presentes  solamente Albania, Austria, República Checa,  Macedonia, Rumania, Serbia y Ucrania. ´Destacan´ además en la asistencia 11 países africanos.   Guatemala toma partido en una decisión que no refleja el consenso de naciones.   Tampoco es cierto que los beneficios de este traslado sean la verdad, muchos.  Las relaciones económicas importantes de Israel con América Latina están ya sentadas con los países axiales en la región por el volumen y tamaño de sus economías.  Israel tiene un TLC con México (que no trasladó su embajada),  tiene además un acuerdo marco firmado con el MercoSur y una relación económica de 900 millones de dólares con la Alianza del Pacífico (México, Chile, Colombia, Perú y Costa Rica.)  El premier ministro israelí puede prometer cuanta inversión quiera en Guatemala pero el mercado guatemalteco es pequeño. Lo que Israel pueda obtener de América Latina, ya lo tiene.  Y el tipo de cooperación israelí es cooperación técnica la cual, en un país como Guatemala tiende a ser la menos solicitada dado que es un tipo de cooperación que se fiscaliza.

Digamos además que si con este´ movimiento´ la administración Morales esperaba de alguna forma un margen de maniobra más amplio por parte de Estados Unidos, la última comunicación del G13 (en la cual se encuentra EE. UU.) le ´puso los puntos sobre las íes´: La decisión de declarar non grato al embajador sueco sería un enorme error.  Es decir…  ´Gracias por apoyarnos en trasladar embajadas pero los compromisos y formas diplomáticas adquiridas con los países cooperantes son cosa aparte´.

Ahora bien, si el presidente Morales admira tanto a Israel, quizá podría haber aprendido algo de la cultura política de dicho país.  Cómo pocas sociedades,  Israel es un contexto donde quienes usan ´el carril auxiliar´ por lo general no son bien vistos. Uno de los mayores pecados ciudadanos para los israelíes es no pagar los impuestos que se requieren  para sostener el proyecto de nación.  De hecho, al presidente Morales le vendría bien que le contaran la historia de cómo en 1977 el ex premier Isaac Rabin tuvo que renunciar a su cargo por haber tenido cuentas bancarias no declaradas en el extranjero.  Para los israelíes, el dinero que se produce en el país se debe quedar en la nación y pagar los impuestos que debe. Y las cuentas en el extranjero deben declarase y pagar impuestos: Todo abona a que hay un precio por recibir los beneficios de ser ciudadano.

Pero al presidente Morales estas cuestiones vitales ´le vienen del norte. ´ ¿Con qué cara exonera del pago de 7.5 millones de quetzales a la empresa de seguridad privada Élite, S.A? Dicho sea de paso, la empresa había sido intervenida por la SAT en caso especial de defraudación tributaria.  Es cierto que tiene la potestad presidencial para realizar dichas acciones pero, en nada ayuda a fomentar el ethos ciudadano.  Si tanto le preocupa a su gobierno el principio republicano y la soberanía de la nación, estas acciones son fatales pues insultan a todos aquellos ciudadanos que cumplen con el deber cívico más importante: Pagar impuestos.

No es el embajador sueco quien ofende al país (sus declaraciones por cierto no contienen ninguna ofensa).  Es el mismo presidente Morales.

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