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Una República necesita un sistema de justicia que responda

 

Guatemala cuenta con un sistema de gobierno republicano, así lo reconoce la propia Constitución Política de la República de Guatemala. En términos generales, la forma republicana va asociada a una manera de restringir el poder absoluto, que se define con la división del poder. Montesquieu, parafraseándole, afirmaba que el poder es uno solo y que este los sistemas de gobierno tendían al despotismo –la corrupción de la clase de gobierno- Mientras que el Barón de la Brède afirmaba sostuvo que “quien tiene poder, tiene la tendencia a abusar de él hasta que haya límites”, para tal efecto apuntaba que el poder solamente se detiene con poder.

Partiendo de estas ideas,  junto con la de otros muchos teóricos, se arriba a la teoría de la división de los poderes. La teoría de los frenos y contrapesos. O, como le denominó Norberto Bobbio, la división horizontal y vertical del poder. Una de las primeras acepciones de esta teoría figura en la Declaración de los derechos del hombre y del ciudadano de 1789, que expresamente se refiere a la separación de poderes.

Tres poderes esenciales se identificaron dentro de un Estado, el ejecutivo, el legislativo y el judicial, que se controlan el uno al otro de forma cruzada, para evitar el despotismo al que tanto le temía Montesquieu.

Hago toda esta alocución pues quiero referirme a uno de los poderes más olvidados y con una gran trascendencia dentro del sistema republicano. Se trata del poder judicial o, en el caso guatemalteco, el Organismo Judicial para aterrizar en algo más tangible.

Para que exista una verdadera República no bastan que los poderes ejecutivo y legislativo se controlen y exista ese freno entre ellos. Si no se necesita también de un sistema de justicia efectivo que permita a los ciudadanos exigir sus derechos. Jueces independientes que estén sujetos únicamente a las leyes y su leal saber y entender. Una administración de justicia pronta y cumplida.

Para que Guatemala sea verdaderamente una República requiere que se fortalezca el sistema judicial. Los usuarios del sistema judicial son los primeros testigos que el mismo está colapsado. Los juzgados no se dan abasto para atender la demanda de justicia que se le requiere, lo que da lugar a procesos que se prolongan años, que junto con el litigio malicioso desvirtúan el valor justicia, y ya lo decía Lucio Anneo Séneca, desde el siglo primero: “Nada se parece tanto a la injusticia como la justicia tardía”.

Junto a ello, es importante contar un personal calificado, conscientes de la responsabilidad que conlleva el estar a cargo de la administración de justicia y jueces independientes. Para asegurar esa independencia se requiere que existan sistemas de control interno que no permitan que permeen los intereses externos que tienden a corromper el sistema.

Se requiere de un sistema de justicia que transmita confianza, para que se puedan exigir y hacer valer los derechos que les corresponden a los ciudadanos.

Muchos actores han pretendido cooptar el poder judicial, para asegurar sus intereses personales y el enriquecimiento. Es por ello que se deben tomar medidas administrativas y legislativas con efecto de fortalecer un sistema judicial que por momentos llora sangre.

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