Home > Columnas > No llores por mí, Jerusalén, otra vez

No llores por mí, Jerusalén, otra vez

En una columna que escribí a fines del 2017 (“No llores por mí Jerusalén”) decía que, desde que Trump amenazó con trasladar la embajada, el revuelo fue fenomenal. Haciéndome eco de expertos, escribí que el traslado demandaría tres años, aunque el embajador podía ser enviado y utilizar una parcela que EE. UU. arrienda o convertir el consulado que tiene en Jerusalén. El Papa pidió que se respete el estatus actual y agregó que “es una ciudad única, sagrada… y tiene una vocación especial para la paz” … hasta que llegaron los políticos.

Finalmente, Trump, fiel a su estilo “relámpago”, instaló la Embajada estos días provocando airadas protestas de los palestinos. Protestas injustificables -y susceptibles de ser aprovechadas por terroristas- cuando la situación ameritaba prudencia. Pero menos se justifica que murieran más de 60 palestinos.

Increíblemente, el ministro de Seguridad Pública israelí, habría dicho que “Debemos volver a los asesinatos selectivos, y los líderes de Hamás deben volver a esconderse bajo tierra y temer por sus vidas”, según publica el diario ‘Yediot Aharonot’. Estos líderes son indefendibles, pero es increíble que un funcionario haga estas declaraciones y no sea considerado un apologeta del delito.

Jerusalén es una de las ciudades más antiguas del mundo, considerada ‘santa’ por cristianos, judíos y musulmanes, y es el principal foco de conflicto entre Israel y los árabes. De modo que la jugada de Trump es fuerte y justo en el siglo XXI cuando, vía internet, es posible hasta tener reuniones virtuales. ¿Qué sentido tienen entonces las embajadas, tan increíblemente costosas en sueldos de burócratas?

El presidente de EE. UU. hace suya la política de Israel, escribe Jan Martínez Ahrens en El País de Madrid: “En un vertiginoso crescendo… ha dejado claro que su política… pasa por el primer ministro israelí… No ya en calidad de interlocutor privilegiado, sino como representación casi vicaria de su diplomacia”. En fin, cada uno elige sus socios, ese no es el problema, sino que a esta altura de la civilización todo ser humano -incluido Trump y el gobierno israelí- debería saber que las acciones violentas, coactivas, empeoran las cosas.

Por caso, que Washington haya terminado con el acuerdo nuclear con Irán, lo que implica retomar las sanciones económicas, no perjudica a los políticos iraníes que viven bien a costa del pueblo, perjudica a los ciudadanos. Por caso, los comerciantes del Bazar de Teherán temen que empezarán a escasear algunas mercancías. “Estamos sentados sobre una bomba que explotará en tres o cuatro meses… se acabarán los remanentes que tenemos almacenados…”, explica uno de ellos.

En cambio, las acciones pacíficas son razonables. Según imágenes por satélite, Corea del Norte muestra “una primera prueba definitiva” de que el régimen está desmantelando una base nuclear, según la página especializada 38North. Los analistas observaron que varios “edificios clave” del complejo de Punggye-ri fueron derruidos.

Probablemente esto sea propaganda del régimen, de hecho, el líder norcoreano aseguró que su fuerza nuclear “está completa” y que, por lo tanto, ya no necesita este silo nuclear, a la vez que rechaza la exigencia de Trump de que solamente negociará con Corea del Norte “el desmantelamiento completo, verificable e irreversible” de su programa nuclear. Pero negociar es la dirección correcta y, sobre todo, sin ningún muerto.

TEXTO PARA COLUMNISTA
.
.
WP Facebook Auto Publish Powered By : XYZScripts.com