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Fuera de mi país Embajadores indeseables

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RAUL FALLA

El cargo de embajador es una prerrogativa que se otorga a ciertas personas para que representen de forma oficial a un estado dentro de otro y puedan así, consolidar las relaciones migratorias, comerciales, sociales, culturales, etc., entendiendo que el ejercicio de esa función, conlleva la prohibición de comentar o injerir en asuntos internos del país anfitrión, bajo el apercibimiento de ser expulsados si vulneran ese principio internacional diplomático.

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Por ello, el representante de un estado acreditado en otro debe ajustar su conducta y comportamiento dentro del canon legal de respeto, tanto a la soberanía e institucionalidad del país que lo recibe, como de sus habitantes, debiendo tener especial cuidado de no inmiscuirse en asuntos de competencia exclusiva del estado anfitrión y para los cuales no fue designado.

Sin embargo, al parecer estas reglas diplomáticas han sido ignoradas por dos extranjeros abusivos que, careciendo de los más elementales principios de reciprocidad y respeto, han pretendido vilipendiar nuestra soberanía, con una serie de comentarios y acciones vulgares que atentan en contra de nuestras autoridades legítimamente electas, de la forma en que manejamos los negocios públicos, así como en contra de la sociedad en general.

Y me refiero, al embajador de Suecia desacreditando en Guatemala, señor Anders Gunnar Kompass, un diplomático fracasado, que fue expulsado de Colombia por meter las narices  en asuntos que no le competen, y quien además, fue destituido de manera deshonrosa por el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, pues, cuando laboró como director de operaciones de esa entidad en la República Centroafricana, de forma deliberada omitió denunciar de forma legal, una serie de violaciones sexuales que se llevaron a cabo en contra de varios niños por los casos azules de la ONU al mando de Kompass.

Luego de su opaca gestión en la ACNUDH y de varios procesos legales y administrativos que enfrentó por su garrafal omisión, fue designado como embajador de Suecia en Guatemala, donde en una entrevista ante los medios de comunicación de forma abusiva e irrespetuosa indicó, que la sociedad guatemalteca es corrupta y que por ello se hace necesaria la presencia de la CICIG-ONU en el país. Desde luego, las palabras de este amoral sueco despertaron indignación en cada uno de los ciudadanos que amamos este país, primero porque no es cierto que nuestra sociedad sea corrupta, pues la gran mayoría de guatemaltecos, somos personas productivas que nos ganamos el sustento diario a través de nuestro arduo trabajo; y segundo, porque la calidad moral de este personaje sindicado de encubrir graves actos de pedofilia, lo descalifican por completo para opinar en temas que no le competen.

También hago referencia a la señora Elena Alicia Salcedo Poleo, la embajadora de Nicolás Maduro en Guatemala, quien desde su llegada al país, empeñó todas sus fuerzas en asesorar a  grupúsculos de supuestos campesinos y estudiantes universitarios, para pretender imponer en Guatemala una política de línea chavista, basada en la represión y miseria del pueblo, y quien  además, ha financiado y orquestado las continuas y violentas manifestaciones de acarreados, que han socavado el derecho a la vida e integridad de las personas, la libertad de locomoción, así como el patrimonio nacional y la propiedad privada. ¿Pero qué podemos esperar de la representante diplomática, que apoyó al cobarde Hugo Chávez Frías a perpetuarse en el poder de forma ilegal, a costa del sufrimiento del pueblo venezolano? Pues, nada bueno.

Por ello, es aplaudible la gestión de la valiente canciller quien solicitó de forma legal el cambio de estos dos embajadores, bajo el apercibimiento de que, si no son removidos en un tiempo prudencial, serán expulsados por la fuerza pública de nuestro país por indeseables. Tocará ahora a la canciller, revisar cuidadosamente el perfil de todos y cada uno de los agentes que pretendan acreditarse en Guatemala, para rechazar de entrada, la designación de cualquier diplomático que no cumpla con los estándares internacionales de respeto y no intromisión en asuntos internos del país receptor.

Al final, la expulsión de estos dos intrusos sentará un claro precedente para los miembros del cuerpo consular o diplomático acreditados en el país, en el sentido de que o respetan la soberanía y dignidad de los guatemaltecos y se abstienen de inmiscuirse en asuntos internos, o serán expulsados sin consideración alguna, sin importar el país al que representen, o las sucias donaciones que hayan realizado.

NoAl#PactoDeTerroristas.

TEXTO PARA COLUMNISTA
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