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La diplomacia del delantal

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Guatemala, nuestro muy querido país, un pequeño terreno en el planeta, es conocido internacionalmente no sólo por sus imponentes volcanes y paisajes, sino por los altos niveles de corrupción que actualmente han tomado dimensiones colosales y por encabezar  índices de desnutrición crónica, pobreza extrema, delincuencia y violencia, narcotráfico y crimen organizado.

Una realidad imposible de negar, que no sería vergonzosa hoy, si como nación estuviéramos encaminados en la senda de la enmienda, del reparo y de las acciones correctivas contundentes que nos aíslen de todos esos males.

En cambio, quedamos aislados pero del mundo moderno y medianamente funcional y civilizado, mediante torpes medidas de política exterior.  Torpes, porque visto desde la lente de un internacionalista serio, que conoce su campo, la visión en la cual se sustenta este tipo de decisiones debe de ser universal y nunca basada en opiniones personales ni mucho menos reacciones viscerales. Un precepto básico del primer año de las escuelas de relaciones internacionales es que éstas “han de regirse por intereses nacionales y no por intereses personales”.

La señora Sandra Jovel, nombrada ministra de relaciones exteriores de Guatemala por el actual presidente del país (con minúsculas a propósito en ambos cargos), ha indicado que la “solicitud de retiro” de los embajadores de Suecia y Venezuela obedece a: “temas que no podemos dar a conocer públicamente”, según su propia voz en conferencia de prensa.  Tal parece que la señora Jovel ignora que las monarquías quedaron disueltas por estas latitudes hace varios siglos.

Cabe mencionar que, en el caso de Venezuela, a la señora Jovel no la movió el sufrimiento del pueblo venezolano ni las reiteradas violaciones a Derechos Humanos que sabemos, también por medios serios, ocurren en aquel país; definitivamente, no ha sido eso un motivo suficiente que desate las pasiones de la hoy ministra, quizá porque para ella las violaciones a derechos humanos básicos sean algo cotidiano.

Sobre el retiro del Embajador de Suecia, quien representa a una sociedad modelo, que sólo aquellos que definitivamente no tienen un mínimo gusto por la lectura, escaso acervo cultural o ni un gusto por las redes sociales de entretenimiento, podrían ignorar.  Una sociedad de políticos sin privilegios, que creció precisamente gracias a proyectos capitalistas de inversión en las personas y en el ordenamiento inteligente de su territorio desde su Reforma Liberal (1850 – 1860) que sólo generó progreso e inversión para todos.

Para sorpresa de todos aquellos que les tildan irresponsablemente, por la magnitud de su ignorancia y con tinte despectivo, de “socialistas”, y siguen opiniones vertidas con errores monumentales de precisión histórica, haciendo así gala de su propia ignorancia, Suecia es lo que aquí algunos dicen aspirar: políticos sin privilegios, sociedad de personas libres y responsables, conviviendo pacíficamente dentro de un Estado de Derecho.

Disiento de lo actuado por James Morales y por la cancillería de Guatemala, porque, si no hubo motivo suficiente para declararlos “non-gratos”, significa que sus motivos no “pesan” a un punto en el cual -por ejemplo- no se hubiera podido, en cambio, solicitar una reunión para tratar un tema bilateral y expresar personalmente cualquier problema para resolverlo. Además, porque Guatemala no juega en las grandes ligas y debe de tomar un lugar digno, acorde a su percepción internacional actual, la cual debe, en cambio, procurar mejorar.

La “solicitud de retiro” equivalente a una expulsión es una medida extrema, a la cual incluso el Presidente Ruso, Vladimir Putin, llamó “diplomacia de cocina” cuando el expresidente Barack Obama le expulsó a 35 diplomáticos rusos, dándoles 72 horas para recoger sus pertenencias y familias y abandonar los EE.UU.

El Presidente ruso, en lugar de aplicar la reciprocidad –que es válida en estos casos- no sólo “no” expulsó a diplomático estadounidense alguno, sino que invitó a todos los hijos de éstos a disfrutar de la celebración de la Navidad en el Kremlin. ¡Así se juega el poder internacional! Con altura…no con delantal.

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