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No es fácil cambiarlo

Los graves problemas que provoca la violencia criminal en nuestro   país es que afecta la tranquilidad de los ciudadanos, su economía ya que estos no pueden generar riqueza, ni ganar un salario digno porque seguramente serán víctimas de extorsión o de muerte y en lo social, porque la ciudadanía se va desplazando a lugares más pacíficos huyendo de la violencia criminal, en muchos de los casos dejando atrás sus pertenencias que han hecho con grandes sacrificios.

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La falta de capacidad y la sobrepoblación en las cárceles contribuye a que los reos mantengan, desde el interior, una actividad criminal que afecta a la ciudadanía y que amenaza la seguridad de la población, el hacinamiento, las extorsiones, las fugas constantes de reos altamente peligrosos utilizando órdenes de libertad falsificadas, no solo reflejan la incapacidad del sistema penitenciario para evitar que los reos continúen con sus actividades criminales desde las cárceles, sino igualmente, visibiliza las redes criminales que operan en el sector de la administración de justicia.

Un estudio reciente del Centro de Investigaciones Económicas Nacionales, CIEN, resalta el hacinamiento carcelario, en 10 años la cantidad de reos pasó de 6,420 a 23,899 es decir, que superó en 372% la capacidad de reclusión del sistema carcelario, esto hace que, efectivamente, el sistema carcelario sea vulnerable e impida la clasificación de los reos y a la vez, la posibilidad de su rehabilitación y reinserción social.

El sistema carcelario guatemalteco es viejo, obsoleto, inservible, en otras palabras, no sirve absolutamente para nada, ya que la gran mayoría de los centros se han convertido en refugios de los criminales en donde se les da la alimentación, se les pagan los servicios de agua y luz, se les provee de seguridad, se les permite el ingreso de lo que se les da la gana por corrupción y lo más peligroso, es precisamente desde los centros penitenciarios desde donde operan criminalmente.

La solución al sistema penitenciario debe plantearse como un problema de Estado ya que afecta directamente los derechos de la ciudadanía trabajadora y se debe empezar por la construcción de cárceles de máxima seguridad que permitan aislar durante 23 horas por 1 de sol a los reos clasificados como altamente peligrosos, dignificar con un mejor salario y capacitar al personal tanto de seguridad como administrativo para un mejor desempeño de sus obligaciones y por último, la utilización de tecnología que pueda sustituir en mayor medida el contacto de personal penitenciario con los reos, de no ser así seguiremos viendo como en  el sistema penitenciario las estructuras criminales operan y las luchas por el control de las cárceles serán cada vez más frecuentes, de allí la importancia de construir un sistema carcelario moderno que permita mantener orden y control al interno de la carceles.

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