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Costa Rica es diferente.

Luego de concluyera una complicadísima elección presidencial, la cual se dice que polarizó al país, la primera decisión del presidente electo Carlos Alvarado Quesada ha sido fantástica:  Convocar a un gobierno de unidad nacional para en efecto, unificar al país.  Se espera que luego de una elección (sobre todo si esta ha sido desgastante para la sociedad) el presidente electo tenga la capacidad para ´unir´ a todos los ciudadanos en un proyecto común.  Pero, la mayoría de regímenes presidenciales juegan la carta de ´el ganador lo toma todo´  dejando excluidos al resto de partidos en el reparto de posiciones de gabinete.  Así, es muy difícil construir alianzas para sostener la gobernabilidad.

El presidente electo de Costa Rica representa lo que se conoce cómo ´presidencialismo pluralista´ o ´presidencialismo de coalición´.  En pocas palabras esto significa que el partido oficialista reconoce la importancia de los demás partidos pero en lugar de simplemente tipificarlos cual oposición o cómo posibles ´aliados´  les invita a formar una coalición de gobierno.   Para que esto funcione por lo general, se tiene el gesto de repartir las posiciones del gabinete entre todas las fuerzas políticas.   El nuevo gabinete de gobierno además de ser pluralista tiene un reparto de género interesante: 11 hombres y 14 mujeres.   Es duro decirlo, pero para el resto de los países en esta región (particularmente los del triángulo norte) un ejercicio democrático de este tipo está años luz.   Habría que agregar dos detalles más:  1) En el reparto de puestos para el gabinete, el partido Frente Amplio (la vieja izquierda comunista costarricense heredera de los ideales de Manuel Mora Valverde) en lugar de ser excluido, se le asignó el Ministerio de la Mujer para ser conducido precisamente por una mujer (la diputada Patricia Mora) y, 2) la cabeza de la Asamblea Legislativa es otra mujer, Carolina Hidalgo Herrera de tan sólo 36 años.

¿Estas cuestiones son solamente ´cosméticas´?    No, no lo son.  Pero en contextos donde el comportamiento político promueve la monopolización de los cargos por parte del ejecutivo es comprensible que lo que sucede en Costa Rica no se entienda.   La democracia  ´tica´ está muy por encima de sus vecinos y no solamente por lo anteriormente mencionado.   Recientemente se desatapó un escándalo de corrupción denominado ´el Cementazo´ que involucra a políticos de altísimo nivel  y empresarios de renombre pero el caso está siendo llevado por una Fiscalía General que no requiere de ayuda internacional para operar ( a diferencia de Guatemala).   Es decir, en Costa Rica,  no sólo los partidos políticos hacen actos simbólicos de gobernabilidad sino que las instituciones son de por sí,  sólidas.    Ah, no hay que olvidar que las riendas de la Fiscalía General las lleva una mujer que en su calidad de Fiscal General no ha necesitado que una comisión internacional o la Embajada de EE. UU. le defina la agenda o, la ´ponga en línea´ para cumplir con sus funciones.

¿En qué ayuda todo esto a los grandes problemas del país?  Los retos importantes,   el tema económico así cómo el tema de seguridad se van a discutir en una ambiente político donde todos los partidos tienen voz y voto.  En un contexto donde se puede trazar una hoja de ruta que aunque no sea perfecta,  llene las expectativas de representación ciudadana.   No cabe duda de que, en el horizonte de su bicentenario, Costa Rica puede celebrar una calidad democrática y una solidez institucional distinta a su ´hermanos centroamericanos´.

Mientras Nicaragua en represión brutal, en Honduras la ingobernabilidad es la regla y en Guatemala se depende del sistema internacional para funcionar, en Costa Rica se juega a otro nivel.

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