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Después de la muerte todos son grandes

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Cuando llega el momento del fin de la vida terrenal, se trasciende a la vida eterna en donde todo es perfecto, porque se está en la presencia de Dios.

El reconocimiento que se da después de la muerte, por su trascendencia y servicio convierte a los hombres en inmortales, porque su carisma de servir pesa más que las debilidades terrenales, que todos tenemos porque no somos perfectos como Jesucristo. ¿Porque hasta que deja de existir el ser humano se reconoce sus atributos de servicio, bondad, esfuerzo de trabajo, de entrega y compresión a los hermanos y seres a quien se da el servicio?

En Guatemala en el último trimestre transcurrido, han trascendido el umbral de la vida, tres personajes que dejan testimonio de trabajo a un pueblo, que han pasado a la eternidad, dejando aportes significativos en beneficio de los demás.  A pesar que en vida siempre hubieron detractores, tal vez porque existen seres humanos que no se desvisten del egoísmo, de la crítica destructiva y la envidia para sentenciar  a los hombres que se han convertido en líderes, paladín, jerarca, principal, gerifalte o como le llamen los humanos que han trascendido a la eternidad para tenerlos como hombres que se entregaron a prestar un servicio y que su mejor intención fue la de servir a un pueblo y que los análisis de la historia ya han escrito sus aportes y que de alguna manera serán ejemplo para las futuras generaciones que deben emular sus aportes positivos para hacer que los pueblo tengan mejores condiciones de vida, no así, los que se sirvieron del pueblo sirviéndose de sus recursos y de la corrupción que se pone de moda en una época tan confusa en que pareciera que todos tienen ese estigma.

Si intentamos formar una figura perfecta con sus tres ángulos y lados iguales, triángulo equilátero, pondríamos colocar en cada vértice a tres grandes que aportaron a la patria ejemplo, lecciones teóricas, discursos y mensajes sabios para que en nuestra nación se viva en armonía, con espiritualidad y con un concepto de fe, para vivir en una patria libre y digna que debemos de amar y servirle.

En uno de esos lados se debería colocar al Monseñor Vian Morales, quien con su espiritualidad siempre nos orientó y nos invitó a seguir las lecciones sagradas de cristo que no debemos descuidar los seres humanos.  En el otro,  colocamos al General Efraín Rios Mont, quien promovió lecciones de compromiso de no mentir, no robar y no abusar como puntos torales de su filosofía para fortalecer a una patria justa y en el otro lado del triángulo,  debemos colocar la figura de un hombre trabajador, con una visión clara de desarrollo y ordenamiento, en un entorno de desorden territorial, en una ciudad que después de su mandato edil, queda plasmado su aporte para la eternidad con su visión de una ciudad progresista para hacerla bella y limpia, proporcionó la lucha por la paz que concluye con la firma de la paz firme y duradera, la motivación del arte, la cultura, la atención de educación de calidad y el combate a la desnutrición para los niños pobres de los barrios con sus guarderías en la ciudad, convirtiendo espacios inhóspitos, barrancos y áreas abandonadas en parques ecológicos para la diversión, promovió eventos deportivos para estimular a hombres para minimizar la práctica de grupos disóciales.

La reflexión debe girar alrededor de olvidarnos de las debilidades que como seres humanos se tienen, porque la perfección solo se alcanza cuando estamos en la presencia de Dios. Estos eventos que marcan el paso entre la vida-muerte material-vida eterna, lo que nos enseñan es que no debemos dividirnos;  ayudemos a los que nos gobiernan, evitemos querer ser autoridad cuando no lo somos, señalar defectos para derribar al que tiene el mando, no formemos grupos para confrontarlos; el trabajo de los que aún podemos enmendar el comportamiento y los esfuerzos que se hagan para construir una patria grande, debe iniciarse ahora; ya basta de hacer la lucha de poder de unos contra otros, es tiempo de trabajar por la patria; edificar a una nueva sociedad, es el reto, respetando y mejorando las condiciones de vida de un pueblo como los legados positivos que practicaron Monseñor Vian Morales, el General Rios Mont y don Álvaro Arzú, dando valor a sus aportes y capitalizándolos para construir la nación que soñamos tener.

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