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Las amenazas de la democracia

En el 18 brumario se explica que una nación para fortalecerse como sociedad moderna necesita de un liderazgo real. En forma personal con un presidente que encarne el mito del ser nacional, es decir una persona inteligente, audaz, fuerte, decidida y llena de principios y valores. Por otro lado, una asamblea legislativa que encarne la discusión, la disputa de las diferentes fuerzas y clases sociales de la sociedad, es decir, un congreso que refleje las distintas propuestas del pueblo y permita medir la correlación de fuerzas para tomar las decisiones que es indispensable tomar en cada momento.

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Una de las amenazas que sufre el pueblo chapín es que no cuenta con ninguno de esos dos poderes. Los líderes civiles que pudieron convertirse en caudillos del cambio fueron barridos por un sedicente ejército que no dudo en halar el gatillo y la mazmorra. Por otro lado, diputados que no representan a nadie, que no tienen visión de nada y que simplemente son llevados al sillón de diputados por partidos de alquiler.

En estos momentos de siente en el ambiente que se prepara un golpe de Estado, que el fantoche que debiera ser el líder de toda la nación presiente que puede ser encarcelado por mal manejo de recursos de la nación. Tal vez es lo que convenga. Llegar al caos para tratar de ver la luz al final del túnel.

Pero, Guatemala no enfrenta solamente estas amenazas. Por si fuera poco, el horizonte viene cargado de tormentas. Guatemala ha vivido etapas de auge y caída muy continuas. El resultado de su fracaso económico-social, la emigración masiva de su gente hacia el norte ha sido contradictoriamente una fuente de financiamiento de su burocracia inepta, las remesas de esos mismos emigrantes. De tal suerte que el crecimiento económico no ha cesado. Qué pasará hoy, que Trump remacha la frontera con sus fuerzas armadas, qué hará Guatemala sin poder enviar migrantes, y ¡oh, dolor!, sin remesas.

Otra amenaza proviene de la confrontación comercial y financiera entre Estados Unidos y China. Lo que hasta el momento son gruñidos entre estas dos potencias podría convertirse en una confrontación arancelaria que paralizaría el planeta comercial. Los estragos en Centroamérica serían devastadores. Podrían secarse las fuentes de financiamiento y la deuda pública pasaría de ser una fuente de uso de plusvalía en una amenaza al sistema semifeudal del capitalismo.

La aridez de financiamiento externo podría provocar inflación, desempleo masivo, hambruna, devaluación e inestabilidad generalizada en toda la región.

Las amenazas se multiplican, será que en el límite encontraremos la solución. Será que la amenaza de la extinción como en Corea, más bien nos permita encontrar la unidad nacional y resolver el pasado y pasar hacia la agenda del futuro. Ojalá.

Lo mejor sería no permitir que los choques externos e internos generen una crisis económica generalizada, que las relaciones de poder se desestabilicen sin salida, y que los hábitos y costumbres en nuestra vida cotidiana se transformen en una identidad para el progreso final de la nación.

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