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La hipocresía de la izquierda.

¿Qué significa ser de ´izquierdas´?     Si la respuesta se queda a un nivel muy parroquial – cómo lo podría ser el ambiente de debate Guatemala-  pues ser de ´izquierdas´ significaría ser un admirador de regímenes autocráticos (regímenes autoritarios) que justifican su razón de ser por los logros de política social.  Significaría además,  creer que el proceso político se resume a una lógica de confrontación debido a las diferencias de capital acumulado.  Significaría además, considerar ilegítima cualquier institución así como a cualquier autoridad electa.    Todo lo anterior describe rasgos de ´la izquierda´  muy propios, eso sí,  de la guerra fría.

Pero luego de las transiciones a la democracia, una vez que el sistema político ´se abre´ para permitir la participación de todos los sectores (incluyendo la izquierda organizada en partido político) hubo una evolución en el universo de las izquierdas.  Las izquierdas no dejaron de considerar que la movilización popular fuera importante,  pero esa movilización se consolida a través de partidos políticos y esa libertad de participación se pone en uso.  Lograr ´entrar al sistema´ significó la posibilidad para impulsar políticas públicas de equidad, de provisión de bienes públicos, potenciar los derechos laborales (los feriados, los bonos salariales, el despido justificado, prestaciones), asegurar la inviolabilidad de las pensiones. Ser de izquierda no significa promover la holgazanería redistribuyendo la riqueza,  significa reconocer que la riqueza se produce de forma colectiva y sin reglas claras por parte del Estado,  las gerencias  generales abaratan el empleo.  Los gerentes generales argumentan que no hay posibilidad de subir los sueldos  pero los bonos de fin de año para cada CEO no dejan de darse.  No se trata de ser ´anti-empresario´ sino de exigir que todos juguemos con las misma reglas.

No se nos olvide, además, la promoción de los Derechos Humanos. Por eso la aparente ´terquedad´ de las izquierdas para abrir los archivos militares,  de las extintas policías secretas,  para dar a conocer los nombres de los desaparecidos, de los torturados y de los silenciados: Porque si el Estado tiene alguna legitimidad,   la adquiere cuando su violencia es racionalizada y limitada. El Estado  ejecuta con base a derechos y en respeto de garantías. Ser de izquierda no significa desenterrar el pasado para polarizar,  sino hacer justicia por los abusos cometidos por parte del Estado y así no olvidar.  Porque, en cualquier momento, el Estado puede voltearse contra cualquiera de nosotros.

Por eso mismo ser de izquierdas significa promover los DDHH.  Y precisamente por eso el silencio de buena parte de la izquierda regional ante lo que sucede en Nicaragua es un silencio grave, cómplice e hipócrita en todo el sentido de la palabra.  La mayoría de las izquierdas latinoamericanas (Guatemala no es la excepción)  siguen jugando bajo la vieja máxima que estipula que´ la revolución se critica en privado más nunca en público´.   Pues esto es terrible.  No hay logro ´revolucionario´  que pueda justificar la represión dirigida hacia la prensa, hacia opositores y muchos menos, hacia los jóvenes universitarios.   En un país civilizado, donde el liderazgo político (ya fuera de derecha o izquierda) tuviera un ápice de decencia la muerte de 28 personas bajo clarísima responsabilidad estatal obligaría a dimitir.

Las izquierdas no pueden hacerse de la vista gorda cuando el tema de DDHH afecta sus esquemas ideológicos, es el mismo caso de Venezuela, o el mismo caso de Andrés Manuel López Obrador afirmando que pondrá a consulta popular el tema del matrimonio igualitario.

Los Derechos Humanos tienen primacía sobre los intereses de cualquier revolución.

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