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Crónica de una mutación sandinista

Seguramente Gabriel García Márquez guardaba entre sus borradores el siguiente texto: …el día que lo iban a desenmascarar Daniel Ortega se levantó a las 9 de la mañana para esperar las viandas del desayuno y los lavados de pies de su santificada esposa. Al asomarse a las ventanas de su mansión lo sorprendió una llovizna de ceniza del volcán Masaya, se sintió salpicado de cagada de pájaros, pero no estaba soñando. En las calles una multitud de aves de ensueño, estudiantes, se levantaban contra su dictadura militar y exigían derechos para el pueblo.

En 1979 una larga dictadura de militares y terratenientes, encabezada por la familia Somoza tocaba a su fin. Una revolución popular derrocó al dictador y parecía abrir una nueva vida para la población nicaragüense. Luego de las esperadas luchas entre varios sectores, el Frente Sandinista, tomó el poder, encabezado, esta vez por siete comandantes jóvenes. Un mundo nuevo aparecía en el horizonte de una nación pobre, analfabeta y sin futuro.

11 años duró el primer gobierno estéril de Daniel Ortega, nada cambió. El pueblo siguió en su vida de serviles ante terratenientes y el pequeño grupo de familias adineradas que dominan ese pobre país. No se construyó un sistema educativo de calidad permanente, no se generó ningún sistema de salud universal, no se distribuyó la tierra que sigue en manos de una minoría. La presión anodina del gobierno imperial no dio ningún resultado. Finalmente, la inoperancia de la revolución sandinista dio como resultado un cambio de gobierno. Primero, Violeta Barrios Torres, y luego varios políticos conservadores más gobernaron Nicaragua entre 1990 y el año 2007. Como una condena eterna, el pueblo de esa nación siguió bajo el trabajo servil, el analfabetismo, la falta de derechos y la discriminación.

En el año 2007, regresó Ortega al poder. Los sandinistas prometieron un cambio. Pero no fue una mejor gestión, ni una orientación hacia el servicio de la población. No el cambio, la mutación fue la transformación de su ideología, de una incoherente definición de ideología sandinista, hacia una firma de cooperación con el Consejo superior de la empresa privada -COSEP-, que en síntesis significaba que el capital gringo y el nicaragüense tendrían vía libre para continuar con la tenencia concentrada de la tierra y los negocios, y una libertad completa para explotar la mano de obra barata del pueblo, con la protección de las turbas de la “juventud” sandinista, a cambio de compartir utilidades con la cúpula sandinista y el permiso al “comandante” para que realizara sus tradicionales discursos “antiimperialistas” y pro-izquierda sin ningún efecto práctico sobre la sociedad.

Daniel se pasea en sus jardines y propiedades soñando con ser el mejor servidor del pueblo. Mientras sus compatriotas asisten a la mutación más extraña. El gobierno de Daniel se transmuta desde sandinista hasta Sandino-somocista… y desde quasimarxista hasta hijo del divino redentor. Uno de los cambios más horripilantes observados en la dirección de izquierdas, tan próximo a los Ceaușescus, a Stalin y tantos otros.

¿Cuál es la revolución que espera el pueblo de Nicaragua, alzado en este momento? La única posible de un país que no ha terminado su etapa semifeudal, un país que es un modelo de capitalismo feudal. El pueblo lucha en este momento en las calles de todas las ciudades de Nicaragua por una transformación que permita generar una sociedad de capitalismo democrático. En donde el Estado sea laico, democrático, con alta inversión en educación, salud y salarios adecuados para todo el pueblo. Un Estado democrático moderno, que siga el ejemplo de Costa Rica y Panamá, eliminar el ejército, utilizar esos recursos para construir un sistema educativo de calidad.

11 años ha durado el segundo gobierno Sandino-somocista. En todo el mundo están sorprendidos de este final sin gloria. La mayoría no comprende que pasó. Pero no es un tiempo fúnebre, no es una desgracia para los pueblos. Es simplemente, que la tecnología moderna, la información instantánea le permite a la gente comprender lo que pasa y luchar por un mundo mejor. Ojalá que esta vez, por fin, el pueblo nica encuentre la dirigencia capaz de construir la democracia para un país eficiente, equitativo y solidario.

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