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La suerte

Todas las transiciones  a  la democracia tienen un período de tiempo en el cual el Estado y la sociedad tienden a depurarse de todos (o la mayoría) de vicios que representan el anterior ´estado de cosas´.     El principio que se establece es la necesidad de someter las instituciones a un proceso de ´limpieza´  para mostrar que todos  los coludidos con el régimen anterior (o el crimen organizado) sean llevados ante la justicia.  Esto implica, involucrados directos e incluso, actores marginales. Un proceso de transición, si quiere en efecto fortalecer las instituciones y evitar de nuevo el vicio personalista requiere  sentencias que puedan ser más que simbólicas.

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Desde que se destapó el escándalo  denominado ´La Línea´,  la conclusión que nadie disputa es que tanto civiles como militares,  políticos de derecha o izquierda,  empresarios así cómo funcionarios, todos, han sucumbido al vicio de la corrupción.   Dos ex presidentes involucrados ( que representan dos administraciones muy distintas en términos ideológicos), una ex vicepresidenta,  3 ex ministros de la defensa, un ex ministro del interior,  un gabinete completo de gobierno, dos ex presidentes de congreso,  y más de 80 personas con diferentes vinculaciones profesionales (incluyendo directivos de bancos importantes) son el resultado de todo este proceso de depuración conducido por MP-CICIG.    Este proceso tuvo quizá, su punto más interesante en el momento en que un caso de investigación directamente implicara al G8 (el grupo de los 8 empresarios más importantes del país).   En apariencia el delito pareciera no ser grave: Los empresarios señalados aportaron 15 millones de quetzales para sufragar a los fiscales de mesa de FCN pero el partido sólo reportó 3 millones.  Pero el hecho ha generado un mea culpa no visto antes.

Estos empresarios han corrido con mucha, muchísima suerte. La referencia del delito abandona la expresión ´presunta´  y ahora tenemos un mea culpa público de los empresarios implicados.  Lo que no hay,  es alguno  de estos empresarios, miembros prominentes del G8 en prisión preventiva.   Hasta donde recuerdo  el postulado de una sociedad libre estipula un trato ´sin coacción, sin coerción y sin privilegios´…….aspecto que en este caso parece haberse olvidado del todo.  Las declaraciones de Monzón con respecto al financiamiento ilícito que el PP recibió  de parte de algunos de estos mismos empresarios se habían puesto en tela de juicio pero ahora resultan perfectamente creíbles.  Si esta práctica de  socavar la democracia ´privatizando´ las campañas para obtener reparto de beneficios se ha mantenido durante los últimos 30 años, y a eso agregamos la debilidad de las instituciones fiscalizadoras así cómo la tardanza con la cual la agenda de transparencia llegó al país, pues todo lo anterior explica muy bien el estado actual de cosas.

La suerte de estos empresarios es mucha ya que  un escándalo similar en un país como Francia, Alemania o Israel -donde el sentido republicano es muy profundo-  habría tenido mayores consecuencias.   Pero al no pisar la cárcel,  es muy claro que además de las reparaciones que van a pagar van a tener que apoyar con ojos cerrados la agenda que CICIC-Embajada de Estados Unidos ponga sobre la mesa.   La suerte de estos empresarios radica en el hecho que todo proceso de transición requiere la presencia de un sector que pueda considerarse cómo élite y que en tal condición puedan apoyar los esfuerzos de reforma en su calidad de ´actores de veto´.

Eso sí,  en el corto y mediano plazo,  nadie volverá a tomar tan en serio los seminarios y foros que el sector privado organice en materia de transparencia,  cultura de la legalidad y cultura democrática.

Políticamente están muertos.

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